miércoles, 10 de julio de 2013

No hay que dejarse engañar...

En ocasiones, puede suceder que los ojos de un niño sean más maduros que la cabeza de muchos adultos. ¿Y a dónde fue la infancia que les cubría su mirada de ingenuidad?
Si hay algo con lo que me hierve la sangre, es con una infancia marchita. Hay personas que se enervan cuando abandonan a ancianos, otras que defienden a los animales por encima de todo, otras que identifican su vida y el mundo con la música, y sienten que su vida depende de esta… para mí, si hay algo que me enerva y por lo que estaría dispuesta a cambiar como fuera, es por los niños que deben renunciar a su infancia. 
Estos temas los di hace unos años en clase de Educación Para la Ciudadanía. Hicimos varios grupos y se trataron diferentes temas: niños esclavos, niños soldados… yo escogí el tema de la prostitución infantil, y fue un trabajo que me sirvió de mucho, y me abrió un poco más los ojos hacia el mundo en que nos toca vivir. De hecho, fue un tema que no solo tocó mi fibra sensible, sino que penetró en ella y logró arrancarme un hermoso poema, al que titulé “Tristes princesas olvidadas”. Lo incluí en el trabajo con imágenes que se reproducían en el proyector, pero no imágenes macabras que te hagan cerrar los ojos. No se trata de remover el estómago, sino de crear conciencia. A veces no hace falta ser tan rudo, y de hecho, cuando ves muchas imágenes de este tipo, dejan de afectarte igual, lo cual es triste, pero inevitable. Eran imágenes que iban acorde con los versos, imágenes de tristeza, de paisajes, de princesas… a muchos se les saltaron las lágrimas al exponer el trabajo, y por ello me llevaron a bachillerato a exponérselo a los alumnos. Para mí aquello fue un mundo, ellos eran los grandes del colegio, no sabía como ponerme ahí en medio y hablar de un tema así, y menos leerles una poesía… Tenía asimilado que quizás la mayoría se reiría de mí, pero sabía que a pesar de todo estaba haciendo lo correcto. Porque con que solo uno de ellos se parase a pensarlo, lo analizara, y se diera cuenta de lo que estaba contando, ya habría merecido la pena.
El resultado fue inolvidable. Todos aplaudieron conmocionados, y mi profesor me contó más tarde que muchos fueron a la mesa a preguntarle si era verdad lo que yo había contado, e incluso si podían hacer algo, o si podían informarse más…
Ahí fue cuando me di cuenta del poder de las palabras. De lo que era capaz de transmitir mediante la escritura; del gran talento que supone manejar el idioma, y poder transmitir casi todo lo que sientes, para bien o para mal. 
Eso fue hace años, pero desde entonces me propuse que yo haría algo por esa realidad, aunque fuese la cuarta parte de un granito de arena. Y por ello, este año estuve de voluntaria en un centro que ayudaba a mujeres prostitutas por trata de blanca, la mayoría de Nigeria, y mientras ellas daban talleres de español, cocina o arte terapia, yo cuidaba junto con otra voluntaria a sus hijos. Ha sido una experiencia muy bonita, de la que ya hablaré más a fondo en otra entrada, porque merece la pena.
Escribir todo esto aquí parece fácil, pero no lo es. Cada cual puede forjarse una opinión según lo que entienda al leer cualquier texto que publique aquí. Cuando yo cuento estas realidades o incluso mi voluntariado, cada cual reacciona de una manera. Unos piensan que tengo un gran corazón, otros que estoy haciendo una labor muy bella y sana… pero también los hay que piensan que me han lavado la cabeza, o incluso que estoy desperdiciando mi juventud.
Yo soy la primera que piensa que, tal vez, de lo que tenga edad sea de comerme el mundo y no la cabeza. El problema es cuando el mundo se come a todos los que te rodean, poco a poco, y tú no consientes quedarte de brazos cruzados. A veces para comerse el mundo, hay que comerse un poco la cabeza también.
No considero que esté desperdiciando mi adolescencia, y mucho menos que me hayan lavado la cabeza. Creo que aquellos que se cogen una borrachera inmensa todos los findes de semana, o aquellos que fuman cualquier hierba, o los que abandonan sus estudios para disfrutar de los placeres más tentadores y a la vez efímeros y traicioneros… todos ellos que únicamente piensan en sí mismos y se dejan guiar por el consumismo continuo, el usar y tirar personas según el beneficio que estas puedan reportarte… creo que eso sí es verdaderamente desperdiciar una adolescencia. ¿No es triste que se considere sinónimo de adolescencia el beber hasta no poder más, o el engancharse al tabaco?
No me han lavado la cabeza por la sencilla razón de que soy una adolescente más, una adolescente cualquiera, con la única diferencia de que no me dejo engañar por una sociedad que oculta y mantiene en silencio muchas barbaridades, por el simple hecho de que esta situación beneficia a los que más poder tienen, y por tanto no conviene cambiarla. Pero, ¿Alguno se ha parado a pensar que esas personas que mueren de hambre, esos niños que caminan por campos de minas, o esas niñas de 10 años que se prostituyen, podríamos ser cualquiera de nosotros? Si no tienen el menor reparo por la situación de estos niños, ¿Por qué lo iban a tener con nosotros? ¿A caso no se ha visto claro con los desahucios que está habiendo, o los despidos? ¿Han dudado mucho de dejar en la calle a familias enteras que no tenían nada más? Parece que nos tienen en estima, pero en realidad todo es relativo según cómo y dónde seamos útiles. Cuando falta el dinero, cualquiera es prescindible, y todo es perdonable. O eso parece.
No me han lavado la cabeza por concienciarme del tipo de mundo en que vivimos. Considero que lo hubieran hecho si ahora fuera una marioneta más, con la única obsesión de estar perfecta a los ojos de los demás, de ir siempre a la moda, de tener el último móvil, el novio más guapo, las fiestas más alucinantes… supongo que tener de todo un poco no está mal. Pero abusar, sea de lo que sea, nunca es bueno.
Quizás parezca que vivir concienciado de estas realidades es vivir amargado, pero verdaderamente ese es otro motivo bien planteado para seguir ignorando estas situaciones. Al fin y al cabo, en las noticias salen todo tipo de barbaridades, cometidas por asesinos, o ladrones, o psicópatas… nos enteramos y aún seguimos viviendo. Entonces, ¿Por qué la situación de estos niños apenas aparece en los medios de comunicación? Sería interesante saber qué empresas están detrás de las fábricas con niños esclavos, o qué países con mayores redes de prostitución infantil tienen un turismo muy elevado a causa de este motivo… Hay mil razones para no querer saber nada de estos temas, pero esas mil razones son las mismas que utilizan los de ahí arriba para mantenerlo en silencio. Y mientras se mantengan ocultos a la mayor parte de la humanidad, poco podremos hacer.
Pero todo es ponerse. Todo es ponerse, y nada es imposible. Si cambiar una situación tan trágica fuese imposible, los judíos aún seguirían en campos de concentración, y los negros tendrían que cedernos los asientos en los autobuses… 
En ocasiones, los ojos de un niño son más maduros que la cabeza de muchos adultos. Pero hay otros niños que sí tienen la mirada inocente de quien nace en un lugar adecuado. Si todos ponemos de nuestra parte, esos niños el día de mañana serán adultos con la mente madura y concienciada, capaces de lograr todo aquello que se propongan, y de no dejarse manipular por nadie. Y así cada uno pondrá su granito para cambiar el mundo. No es imposible, de verdad que no. Tan solo difícil, y lento. Pero no imposible.


Seguiré subiendo entradas, hay varios temas aquí en los que me gustaría profundizar más. Se admite también cualquier sugerencia. No pienso dejarme nada en el tintero :)

1 comentario:

  1. Hola, sobri!! Me alegra mucho que inicies este proyecto. Aunque el mío está un poco muerto, yo también quise tener mi blog hace... pues ocho años, cuando no había Facebook ni redes sociales y eran el último grito en internet. Y me vino estupendamente, no sólo porque conocí a un montón de gente interesante que sigue en mi vida, sino porque terapèuticamente fue mano de santo en un momento en que necesitaba aclarar mis ideas. Espero que a ti te venga igual de bien: porque el que no la practica ni se imagjna lo sana que es la escritura, verdad? Un beso grande, guapa.

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