jueves, 25 de julio de 2013

Tragedia descarrilamiento en Santiago

Supongo que no hay palabras.
Hay lágrimas, muchas lágrimas. Abrazos, rostros consumidos en pena, bocas resecas, hombros caídos, ojos cerrados para no ver cómo la realidad nos golpea…
Pero no hay palabras. No las hay.
Creo que intentar buscar un “por qué” es condenarnos a una locura perpetua, a un sinfín de preguntas para las que nadie tiene respuesta.
Y sin embargo… ¿Por qué?
La empatía puede ser el mayor don, o la mayor maldición. Sentirte en la piel del otro en una situación así te lleva a ayudar en todo lo que puedas, pero también te sume en una tristeza continua por no poder hacer más de lo que ya haces.
Impotencia. Una impotencia y una rabia que consumen cualquier rastro de cordura dentro de tu cabeza. ¿Para qué queremos relojes si solo nos sirven para ver cómo pasa el tiempo? ¿Para qué si no nos permiten retroceder y evitar tantas tragedias?
Esas malditas agujas seguirán sonando, avanzando, sin tener en cuenta que dejan atrás casi ochenta corazones menos. Pequeños relojes que marcaban el tiempo a latidos, uno tras otro. Y ahora que se han apagado… el mundo continúa girando. 
Como si nunca hubiesen estado ahí.
Mentira.
En ese tren viajaban doscientas diecinueve historias, y aunque ochenta hayan perdido los latidos que las escribían día a día, el resto no dejaremos que esas historias con un trágico final se olviden sin más.
A veces parece que estamos solos, pero en el momento de la verdad, cuando se nos necesita, cuando ocurre una tragedia grande que no pueden controlar y arreglar solo unos pocos… todo el mundo aporta, todo el mundo se moviliza por el otro.

Y entonces, ya no estamos solos. 
No quiero regodearme en la tragedia, en la tristeza, en lo que todos sentimos cuando imaginamos como se sienten todos los afectados, tanto directos como indirectos… esa pena, ese dolor por el otro, tiene que ser el impulso que nos lleve a actuar. Esa es la energía para poner en marcha el motor que nos mueve a todos a dar cuando se nos necesita de verdad.
Fue desde el principio. Antes de que llegaran las ambulancias, los vecinos ya estaban ayudando a los heridos, y aportando mantas y todo lo que les pedían.
Y desde el primer momento, bomberos y policías colaborando para rescatar a personas atrapadas, ayudar a las que permanecían en las vías tras el impacto. Supongo que estos tres testimonios de policías no serán nuevos para la mayoría, pero aún así, no dejan de ser impactantes, y conmovedores.
“No puedo contener mis lágrimas, cuando estoy sacando cadáveres y les están sonando sus teléfonos móviles” dijo uno.
Otro policía gallego dijo: “Me ha impactado muchísimo una imagen. Un padre, una madre y un hijo abrazados, muertos”
Y un niño de 17 años le dijo a un policía mientras moría: “Dígale a mi hermano que le apoyaré desde donde esté, para que se futbolista…”
¿Sabéis? Hay mil maneras de definir a un héroe. Pero los verdaderos, no llevan capa. Llevan casco y uniforme. Un héroe salva vidas. Y todos ellos, todos los que están allí, como los que aparecen en esta imagen, son auténticos héroes. Pero no son los únicos. Porque todos han aportado en la medida de sus posibilidades, y eso, en el momento de la verdad, es lo que cuenta. 

Todos esos médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, muchos en paro, que han acudido a ayudar voluntariamente. Esas inmensas colas de alrededor de miles de donantes desde ayer por la noche, cuando se hizo el llamamiento en los hospitales. Esos enfermos o heridos leves que ya estaban ingresados, pidiendo el alta para dejar camas libres a los que iban llegando en un estado más grave; esas personas anónimas que han transportado en sus coches a los heridos hasta el hospital, bomberos que suspendieron una huelga para ayudar en la tragedia, psicólogos voluntarios, personas de todo el país movilizándose para ir y dar apoyo, ayudar o donar sangre…
Ya lo decía el periódico británico, y sin embargo no hace falta: nosotros ya lo sabemos:
“España, gran ejemplo de solidaridad en los peores momentos. Están en crisis económica, pero no emocional”.
Y es que juntos se puede. Juntos no hay nada imposible, si nos movemos por un mismo motivo.

Es verdad que no podemos retroceder en el tiempo, ni borrar una tragedia así tan rápido como sucedió. Pero sí podemos afrontarla y dar de nosotros para aliviar en todo lo posible a los que la están padeciendo más de cerca. Es lo que todos pensamos, hasta que en momentos como este se hace realidad: cada cual aportando su granito, logrará formar junto a los demás una inmensa montaña. 
Y todos los que estaban y están aún allí, aportando, hacen que esa montaña no caiga. Hacen que todo este dolor sea más llevadero, salvando vidas, ayudando en rapidez para identificar a aquellos que ya han fallecido. No estáis solos. Todo el país está con vosotros, y todos lo que lo componemos nos ponemos en vuestra piel, y os mandamos nuestro más sincero apoyo. Solo hay que mirar las redes sociales, escuchar las noticias, o tan siquiera asomarse a la calle y escuchar de qué habla la gente, para darse cuenta de que es verdad.
No regodearos en ese “por qué”, y callarlo con un “cómo”. Cómo ayudar a los que siguen ahí, cómo seguir a partir de ahora, cómo luchar para que un accidente así no se vuelva a repetir, cómo afrontarlo sin hundirnos, cómo no quedarnos atrás… 
Que ese “cómo” acapare cada pequeño tictac en las agujas de vuestro corazón, para que así la cordura que anida en vuestra mente no tenga tiempo de buscar un “por qué”.
Con sucesos así es cuando uno se da cuenta de lo frágil que es una vida, y sin embargo, lo importante y fundamental que se vuelve para tantas personas, y el vacío tan inmenso que puede llegar a dejar si se pierde.
No olvidéis que no estáis solos, por favor. Y sed fuertes, la fuerza es lo que mueve a las personas a seguir avanzando, aunque la vida decida a veces derrumbarnos a golpes.



Desde aquí, mis más sinceras condolencias a los familiares de las víctimas y a los propios afectados en el accidente. Escribir esto es lo mínimo que podía hacer, ya que no tengo medio ni edad para llegar y plantarme en el hospital, y así poder donar sangre, ni tampoco he llegado aún a estudiar psicología para poder acudir allí donde la gente necesita asimilar un suceso así.
No sé si alguno de los afectados leerá esto que escribo, al fin y al cabo, es un blog perdido de una chica cualquiera, demasiado insignificante comparado con lo que ha pasado en estos dos días.
Pero es todo lo que puedo hacer.
Un abrazo inmenso, y ánimo. No olvidéis nunca que mientras más trágica sea vuestra historia, más fuerte tiene que ser vuestra sonrisa.
Y esos corazones que ya no están aquí, lo hubiesen querido así. Estoy segura.
La vida no te enseña a ser fuerte, te obliga a serlo.
Así que ánimo, mucho ánimo.

lunes, 22 de julio de 2013

El problema no son los orangutanes. Son los salvajes que no distinguen "animal" de "persona".

Me parece alucinante.
No sé si alguno de vosotros habrá leído o escuchado esta noticia. Yo la vi el otro día por la televisión y quise informarme un poco más. De hecho aquí os dejo el enlace por si os interesa leer el artículo que publicó El País al respecto.
Y yo que pensé que habíamos avanzado con este tema… de verdad, creo que existen seres humanos que hacen dudar al resto de si somos o no la raza más avanzada de la naturaleza. Porque una raza avanzada habría superado unos problemas basados en argumentos tan estúpidos.
Mira que nos empeñamos en tropezar con la misma piedra, por más que haya personas que dedican su vida a ir quitándolas una a una.
Resulta que el exministro Roberto Calderoli, comparó a la ministra, la doctora Cécile Kyenge, nacida en el Congo hace 48 años, con un “orangután”. Al parecer ya ha recibido más insultos de este tipo, dedicados por la Liga Norte.
Para arreglar (como si eso fuera posible) lo que había dicho, se justificó diciendo que había sido una “broma simpática”. 
No comprendo lo que este tio entiende por “simpático”, pero desde luego si es ese concepto, no creo que merezca la pena mantener una conversación agradable con él. Porque a mi me viene alguien diciéndome algo de ese tipo, y lo que primero que suelto por la boca no es agradable, precisamente.
Como es de esperar, (o no, porque pienso que las personas que están ahí deben tener un mínimo de educación), los 1500 simpatizantes de la Liga Norte que estaban allí le rieron la ocurrencia.
Cuando pequeños, seguro que ha todos nos ha pasado algo vergonzoso, del tipo… “se me ha pegado un chicle en el culo por sentarme en el suelo” o.. “se me ha salido un moco”. Y esto provoca que toda tu clase, como mucho veinte niños de tu misma edad, se rían de ti. Y pasas la vergüenza de tu vida, parece que nunca vas a superar ese golpe.
¿Alguien me explica cómo afrontar que se rían de ti 1500 personas? ¿Y porque te han insultado en público?
Aunque bueno, ojo al dato, insultar lo que se dice insultar… al fin y al cabo todos descendemos del mono, y estoy segura de que esta mujer es más evolucionada que todos esos 1500 juntos. Al fin y al cabo es la única que ha sabido mantener la compostura y que no se retira. Ya se sabe, quien ríe el último ríe mejor.
Frente a comentarios como “Kyenge sería una ministra estupenda pero en el Congo” y “su carrera de ministra en Italia fomenta la inmigración ilegal”, ella se ha limitado a responder: “Siento pena al escuchar estas palabras. Debería utilizar su visibilidad para transmitir mensajes constructivos”.
Ole. Ole sin duda. 
Yo no hubiera sido capaz de mantener la calma en una situación así. Pero ella sí, y no solo eso, sino que ha dicho una verdad como un templo.
Da pena que personas que son referencia de otras por compartir una misma ideología digan barbaridades tan radicales que no aportan nada en este mundo, tan solo más problemas, más conflictos, y más sufrimiento por parte de las personas a las que se discrimina. Como si no tuviéramos ya bastante de eso.
Y ya la guinda del pastel fue el comentario de Dolores Valandro, una consejera municipal de la Liga Norte en Padua, que a causa de una violación supuestamente cometida por jóvenes negros, escribió en su Facebook: “¿Pero es que no hay nadie que la viole a ella, al menos para que pueda entender qué siente la víctima de un delito infame? ¡Vergüenza!”
¿HOLA?
A ver si lo he entendido, ¿eh? Vamos a ver.
Lo que esta señora culta y en una posición considerable nos está intentando decir, es que Kyenge, por el simple hecho de ser negra, ya tiene la culpa de que unos jóvenes negros hayan violado a una persona.
Claro, entonces yo, por ser blanca, tengo también culpa de todas las violaciones que han hecho los de mi mismo color, aquí o en otro país.
¿¡Y cómo es que ando suelta aún!? ¿POR QUÉ NO ME HAN METIDO YA EN LA CÁRCEL?
Claro así va el mundo, con gente como yo suelta por ahí… si es que no puede ser.
De verdad que estas cosas me enervan de una manera insana. ¿Qué sentido tiene discriminar a una persona por el simple color de su piel? ¿No han sufrido ya bastante a lo largo de la historia como para machacarlas también ahora?
Quizás a esos que están ahí arriba, con una edad ya considerable, y un corazón más que podrido en algunos aspectos, no podamos cambiarles su mentalidad de “raza superior, raza inferior”. Pero por lo menos, vamos a procurar que los que vienen detrás, los que venimos detrás y a los que nos dejaréis el mundo en las manos, no nos coman la cabeza con estupideces de ese tipo. Que tengamos la mente más abierta para poder solucionar o tan siquiera sanar un poco las miles de heridas que ha ido dejando este tipo de mentalidad.
Si de verdad somos más inteligentes que los animales, vamos a aprender a solucionar de una maldita vez nuestras diferencias, y a aceptarnos con todas ellas. Que hasta eso saben hacerlo mejor que nosotros. 
Más delante escribiré otra entrada sobre lo que pienso del racismo y la xenofobia y tal (como si aún quedara alguna duda con respecto a mi posición en el asunto), y de paso aprovecharé para hablar sobre mi voluntariado con niños, la mayoría del Congo. Más lindos…
Ojala que con el tiempo vaya cambiando esta mentalidad de considerarnos superiores. Solo la unión hace la fuerza.
Y queremos conocer a gente de otro planeta, vida de otro planeta, mientras seguimos discriminando a nuestros iguales aquí en la Tierra.
Pues que vergüenza si alguna vez nos visitan de ahí arriba.
Yo me pido ser árbol.


Sé que soy radical y un tanto borde hablando del tema, pero es algo que me molesta mucho. Más adelante escribiré otras entradas sobre esto, y os recomendaré alguna canción que lo critica, y que merece la pena escuchar.

jueves, 11 de julio de 2013

Aprovecha lo que tienes

Creo firmemente en la frase de: “Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde”.
¿Por qué el ser humano es un ser tan tonto en este sentido? No apreciamos lo que tenemos hasta que deja de ser nuestro, o hasta que deja de estar a nuestro alcance. Casi parece que nos acostumbramos a tenerlo, pero cuando ese algo se va queda dentro un vacío y entonces es cuando notamos su ausencia, sentimos que debería estar ahí, y así es como lo echamos de menos. Lo triste es que nos pasa tanto con objetos, como con personas.

Esto me ha venido así porque sí, al ver en mi estantería uno de mis libros favoritos. Se llama “La escalera prohibida”, su autora es Padma Venkatraman. Trata sobre una niña india que por cuestiones familiares debe vivir en casa de un tío suyo muy radical respecto al tema de diferencia entre hombres y mujeres. Te cuenta la cultura india desde este punto de vista, y cómo a esta niña le niegan los estudios. La escalera prohibida da a una inmensa biblioteca con miles de libros, a donde no debe subir. Ya es de suponer cómo ella lucha y hace todo lo que está en su mano para que se le permita ir a la Universidad. Cuando leí este libro por primera vez, me encantó, y me dio mucho en qué pensar. Y la segunda vez que lo leí, hará un año o así, me paré a pensar qué hubiera hecho yo en esa situación. ¿A mí negarme unos estudios, solo por ser mujer? Uy la de problemas que hubiera dado a una familia así… por suerte he nacido en un ambiente favorable que me permite estudiar.
Y hasta que no me planteé que hubiera hecho si no hubiera podido estudiar, no me di cuenta de la tremenda facilidad que tenía para ello, ni la suerte que tengo por poder disponer de una formación así. Más aún sabiendo que estas realidades de diferencia y discriminación siguen dándose en otros países, donde las niñas, por el simple hecho de ser niñas, no pueden estudiar. Solo el imaginarme perder mi oportunidad de estudiar y formarme para el día de mañana, me hace darme cuenta de la tremenda suerte que tengo… una pena que muchos de mi edad no sean conscientes de ello. Sí, a veces no mola estudiar, te cansa, es pesado, los exámenes agobian, hay días de bajona o de pereza absoluta que ni con toda la fuerza del universo consigues meterte un párrafo en la cabeza… pero menos gracia me hace eso de casarme a los doce años con un tío de cuarenta, o de tener que someterme a ese marido, o dedicarme íntegra y únicamente a la casa y a mis hijos obedeciendo en todo, o de no tener una formación que me permita desenvolverme por mí sola… En la vida nada es fácil, si algo quieres algo te cuesta. Quejarse es fácil y sabemos hacerlo todos, pero también hay que saber cuando algo que de primeras no te convence, te acabará salvando el día de mañana. Yo creo que el problema principal está en que estas generaciones no son capaces de vislumbrar un beneficio a largo plazo. Todo tiene que ser inmediato, estamos acostumbrados a la rapidez, a la efectividad. Un ejemplo un tanto absurdo pero que sirve: ese momento en que pinchamos algo con el ratón del ordenador y tarda más de lo normal, pongamos que cinco segundos. A lo mejor es que está cargando más lento, o que no lo ha podido abrir bien... pero ese tardar, cuando normalmente lo tenemos al momento, nos hace desesperarnos un poquito. Si no somos capaces de esperar cinco segundos, ¿De verdad una adolescente que lo tenga todo será capaz de imaginarse dentro de diez años?
Es fácil evadirse, disfrutar del momento y dejar a un lado eso de “estudiar”, quitándole importancia a algo que es esencial para poder valernos por nosotros mismo en un par de años. Es fácil dejarlo a un lado si tampoco se preocupan de insistir en ello. También hay muchas cosas a las que engancharse (drogas, porros, tabaco, alcohol…) que acaban fácilmente con cualquier rastro de cordura o sensatez que te empuje a abrir un libro y comprender lo que este te muestra. Yo creo que estamos dando una especie de retroceso. Cada vez hay un mayor número de jóvenes que abandonan los estudios, ¿Y de qué piensan trabajar? Si hoy en día un doctorado, es el que apila las cajas en un supermercado. Vas al Burguer King o al Mac Donald, y perfectamente puede estar atendiéndote un ingeniero. Entre eso, y que bastantes jóvenes se quedan embarazadas a temprana edad… si tienen un hijo y no prosiguen con sus estudios, (mayormente porque no quieren, habrá otras que no puedan, pero en general si se quiere se puede), ¿Cómo sacará ese hijo adelante, y a ella misma? Al final todos son más piedras a la espalda de unos padres a los que se les descontrola la situación. También es verdad que hay jóvenes muy cualificados que sí se lo toman de verdad en serio, que saben cuándo y cómo ponerse, y que el día de mañana llegarán lejos. Aunque visto lo visto, ese “llegar lejos” hace referencia a cuando emigren a otro país, porque aquí no encuentren nada. Que pena me da que jóvenes con tanto potencial se vean obligados a irse… pero es lo que hay. No les queda otra.

Si los que tenemos la oportunidad de estudiar y formarnos como personas cultas y listas no aprovechamos esa facilidad, y los que quieren aprovecharla no pueden porque están cuidando de su familia o trabajando para no morir de hambre… ¿A dónde vamos a llegar? ¿Existe algún mapa que indique el lugar de “a ninguna parte”? Porque creo que vamos de cabeza. Pero como siempre, no será la primera ni la última situación al límite por la que pasa este mundo. Solo queda sobrevivir y aprovechar lo que se tiene, antes de perderlo. Al fin y al cabo nos necesitamos unos a otros, y si nos lavamos las manos por pereza, mientras que otros se las llenan de callos y tierra trabajando para sobrevivir, ¿Quién cogerá el boli para escribir otro final a esta historia?

Como todo, es un proceso a muuuy largo plazo. Madurar, formarse, aprovechar los estudios, convencer a los que vienen por detrás… no son solo cinco segundos en los que falle el ratón. Pero que sea largo, no quiera decir que sea imposible, ni que sea el final. No me cansaré de repetirlo :) 

miércoles, 10 de julio de 2013

No hay que dejarse engañar...

En ocasiones, puede suceder que los ojos de un niño sean más maduros que la cabeza de muchos adultos. ¿Y a dónde fue la infancia que les cubría su mirada de ingenuidad?
Si hay algo con lo que me hierve la sangre, es con una infancia marchita. Hay personas que se enervan cuando abandonan a ancianos, otras que defienden a los animales por encima de todo, otras que identifican su vida y el mundo con la música, y sienten que su vida depende de esta… para mí, si hay algo que me enerva y por lo que estaría dispuesta a cambiar como fuera, es por los niños que deben renunciar a su infancia. 
Estos temas los di hace unos años en clase de Educación Para la Ciudadanía. Hicimos varios grupos y se trataron diferentes temas: niños esclavos, niños soldados… yo escogí el tema de la prostitución infantil, y fue un trabajo que me sirvió de mucho, y me abrió un poco más los ojos hacia el mundo en que nos toca vivir. De hecho, fue un tema que no solo tocó mi fibra sensible, sino que penetró en ella y logró arrancarme un hermoso poema, al que titulé “Tristes princesas olvidadas”. Lo incluí en el trabajo con imágenes que se reproducían en el proyector, pero no imágenes macabras que te hagan cerrar los ojos. No se trata de remover el estómago, sino de crear conciencia. A veces no hace falta ser tan rudo, y de hecho, cuando ves muchas imágenes de este tipo, dejan de afectarte igual, lo cual es triste, pero inevitable. Eran imágenes que iban acorde con los versos, imágenes de tristeza, de paisajes, de princesas… a muchos se les saltaron las lágrimas al exponer el trabajo, y por ello me llevaron a bachillerato a exponérselo a los alumnos. Para mí aquello fue un mundo, ellos eran los grandes del colegio, no sabía como ponerme ahí en medio y hablar de un tema así, y menos leerles una poesía… Tenía asimilado que quizás la mayoría se reiría de mí, pero sabía que a pesar de todo estaba haciendo lo correcto. Porque con que solo uno de ellos se parase a pensarlo, lo analizara, y se diera cuenta de lo que estaba contando, ya habría merecido la pena.
El resultado fue inolvidable. Todos aplaudieron conmocionados, y mi profesor me contó más tarde que muchos fueron a la mesa a preguntarle si era verdad lo que yo había contado, e incluso si podían hacer algo, o si podían informarse más…
Ahí fue cuando me di cuenta del poder de las palabras. De lo que era capaz de transmitir mediante la escritura; del gran talento que supone manejar el idioma, y poder transmitir casi todo lo que sientes, para bien o para mal. 
Eso fue hace años, pero desde entonces me propuse que yo haría algo por esa realidad, aunque fuese la cuarta parte de un granito de arena. Y por ello, este año estuve de voluntaria en un centro que ayudaba a mujeres prostitutas por trata de blanca, la mayoría de Nigeria, y mientras ellas daban talleres de español, cocina o arte terapia, yo cuidaba junto con otra voluntaria a sus hijos. Ha sido una experiencia muy bonita, de la que ya hablaré más a fondo en otra entrada, porque merece la pena.
Escribir todo esto aquí parece fácil, pero no lo es. Cada cual puede forjarse una opinión según lo que entienda al leer cualquier texto que publique aquí. Cuando yo cuento estas realidades o incluso mi voluntariado, cada cual reacciona de una manera. Unos piensan que tengo un gran corazón, otros que estoy haciendo una labor muy bella y sana… pero también los hay que piensan que me han lavado la cabeza, o incluso que estoy desperdiciando mi juventud.
Yo soy la primera que piensa que, tal vez, de lo que tenga edad sea de comerme el mundo y no la cabeza. El problema es cuando el mundo se come a todos los que te rodean, poco a poco, y tú no consientes quedarte de brazos cruzados. A veces para comerse el mundo, hay que comerse un poco la cabeza también.
No considero que esté desperdiciando mi adolescencia, y mucho menos que me hayan lavado la cabeza. Creo que aquellos que se cogen una borrachera inmensa todos los findes de semana, o aquellos que fuman cualquier hierba, o los que abandonan sus estudios para disfrutar de los placeres más tentadores y a la vez efímeros y traicioneros… todos ellos que únicamente piensan en sí mismos y se dejan guiar por el consumismo continuo, el usar y tirar personas según el beneficio que estas puedan reportarte… creo que eso sí es verdaderamente desperdiciar una adolescencia. ¿No es triste que se considere sinónimo de adolescencia el beber hasta no poder más, o el engancharse al tabaco?
No me han lavado la cabeza por la sencilla razón de que soy una adolescente más, una adolescente cualquiera, con la única diferencia de que no me dejo engañar por una sociedad que oculta y mantiene en silencio muchas barbaridades, por el simple hecho de que esta situación beneficia a los que más poder tienen, y por tanto no conviene cambiarla. Pero, ¿Alguno se ha parado a pensar que esas personas que mueren de hambre, esos niños que caminan por campos de minas, o esas niñas de 10 años que se prostituyen, podríamos ser cualquiera de nosotros? Si no tienen el menor reparo por la situación de estos niños, ¿Por qué lo iban a tener con nosotros? ¿A caso no se ha visto claro con los desahucios que está habiendo, o los despidos? ¿Han dudado mucho de dejar en la calle a familias enteras que no tenían nada más? Parece que nos tienen en estima, pero en realidad todo es relativo según cómo y dónde seamos útiles. Cuando falta el dinero, cualquiera es prescindible, y todo es perdonable. O eso parece.
No me han lavado la cabeza por concienciarme del tipo de mundo en que vivimos. Considero que lo hubieran hecho si ahora fuera una marioneta más, con la única obsesión de estar perfecta a los ojos de los demás, de ir siempre a la moda, de tener el último móvil, el novio más guapo, las fiestas más alucinantes… supongo que tener de todo un poco no está mal. Pero abusar, sea de lo que sea, nunca es bueno.
Quizás parezca que vivir concienciado de estas realidades es vivir amargado, pero verdaderamente ese es otro motivo bien planteado para seguir ignorando estas situaciones. Al fin y al cabo, en las noticias salen todo tipo de barbaridades, cometidas por asesinos, o ladrones, o psicópatas… nos enteramos y aún seguimos viviendo. Entonces, ¿Por qué la situación de estos niños apenas aparece en los medios de comunicación? Sería interesante saber qué empresas están detrás de las fábricas con niños esclavos, o qué países con mayores redes de prostitución infantil tienen un turismo muy elevado a causa de este motivo… Hay mil razones para no querer saber nada de estos temas, pero esas mil razones son las mismas que utilizan los de ahí arriba para mantenerlo en silencio. Y mientras se mantengan ocultos a la mayor parte de la humanidad, poco podremos hacer.
Pero todo es ponerse. Todo es ponerse, y nada es imposible. Si cambiar una situación tan trágica fuese imposible, los judíos aún seguirían en campos de concentración, y los negros tendrían que cedernos los asientos en los autobuses… 
En ocasiones, los ojos de un niño son más maduros que la cabeza de muchos adultos. Pero hay otros niños que sí tienen la mirada inocente de quien nace en un lugar adecuado. Si todos ponemos de nuestra parte, esos niños el día de mañana serán adultos con la mente madura y concienciada, capaces de lograr todo aquello que se propongan, y de no dejarse manipular por nadie. Y así cada uno pondrá su granito para cambiar el mundo. No es imposible, de verdad que no. Tan solo difícil, y lento. Pero no imposible.


Seguiré subiendo entradas, hay varios temas aquí en los que me gustaría profundizar más. Se admite también cualquier sugerencia. No pienso dejarme nada en el tintero :)

martes, 9 de julio de 2013

La competencia, y en general...

Estoy leyendo un libro de uno de mis autores favoritos: Ken Follett. El libro se llama “La caída de los gigantes”, y va sobre el movimiento obrero, y sobre todo, de la Primera Guerra Mundial, hecho que también he estudiado de otros años.
La mayoría de libros que he leído son de historia, ese es mi género favorito. Creo que un libro que esconde el pasado de nuestro propio mundo encierra mucho más que uno que hable de si saldrá Violet con Maxi, o este se decantará por la rubia de Margarita, que se compró una moto nueva y se la arañaron las amigas de Cristi por haberse comprado el mismo vestido que… Supongo que también es normal que a la gente de mi edad, (y aquí me refiero mayormente a las chicas) les guste este tipo de libros, pero en realidad encierran una vida vacía, de consumismo y relaciones. En todos estos libros se siguen tres pautas: chico guapo, sexo y salidas nocturnas.
Es normal que muchas chicas se enganchen a este género, porque hablan de cosas increíbles tirando a perfectas que a muchas nos gustaría tener, pero que, evidentemente, solo ocurrirán así en las páginas de un libro. A mí no me gusta porque hacen soñar con cosas falsas, o efímeras. Te enganchan porque consiguen llenar ese pequeño vacío que tienes dentro por no llevar la misma vida, o no ser igual que una de sus protagonistas. Respeto a todas las que lean este tipo de libros, supongo que también irá por etapas: no creo que ninguna madre casada o abuela se aficione a leer este tipo de libros. Aunque claro, si me equivoco, genial por ellas. Aquí cada cual es libre de hacer lo que le plazca, y muy bien que hace.
Simplemente, me siento engañada al leer un libro de estos. En cambio, cuando leo uno de historia, ya sea “Los hijos de la Tierra”, o “Entre tonos de Gris”, o cualquier otro, me siento bien comigo misma, porque me gusta comprender el pasado del que venimos todos nosotros, y las causas de lo que sucedieron en él. Creo que para poder realizar un buen futuro, es necesario analizar los errores del pasado, para no volver a cometerlos. Vamos, eso lo creo yo, y todo el que tenga dos dedos de frente. No es que haya descubierto América con esta afirmación. 

Lo que si pienso yo, es que hoy en día todos hablan de paz, pero muy pocos educan para la paz; en el mundo educan para la competencia, y la competencia es el comienzo de cualquier guerra.
Yo pienso que aunque seamos seres humanos, también tenemos instintos animales, solo que logramos reprimirlos, y eso es lo que viene haciendo la educación en familia, y la sociedad. Esto es una de los temas que trata la filosofía. Uno de nuestros instintos es enfrentarnos a aquel con el que no estamos de acuerdo, o que nos ha hecho daño, a nosotros mismos o a las personas que nos importan. Sin embargo, nos controlamos, y mediante la indiferencia, o incluso el perdón, conseguimos evadirnos de ese pequeño instinto que nos empuja a saltarles al cuello.
La competencia es algo bueno, y malo: como todo, depende del uso que se le de. Por ejemplo: yo creo que el fútbol, y en verdad cada deporte, es una forma de saciar esa competencia contra aquello con lo que no estamos de acuerdo o no queremos. Me explico: en un mundial, cada cual defiende a su país y quiere que gane el partido, siempre bajo unas normas y bajo un control. Creo que ese patriotismo es el mismo que impulsa a los soldados de una guerra, al fin y al cabo actúan por una misma bandera. A lo mejor hace un siglo, o bajo otra circunstancia, España y Cataluña habrían estallado en una guerra civil, en vez de competir Madrid y Barça en cada encuentro, levantando a todo el país. Creo que es una manera de reprimir el odio hacia la diferencia de opiniones o forma de pensar. Un odio un tanto estúpido, creo que hay cosas más importantes a las que odiar de verdad, y contras las enfrentarse. Pero en fin… 

No pretendo llegar a ninguna conclusión final con todo esto: son solo diferentes formas de ver varios temas, que las estuve pensando y no se me ocurría que otra cosa escribir hoy. Estoy preparando otras entradas más interesantes, sobre la crisis una, y otra de un personaje importante en el mundo. Cuando las tenga las subiré. Mientras tanto... escribiré de cualquier tema que se me ocurra. Como siempre, en verdad ^^

lunes, 8 de julio de 2013

Periódico "La Verdad"

Llevo un tiempo fuera, por eso no he podido escribir de manera regular en el blog. Estaba revisando hoy otros textos ya escritos antes y me ha parecido que podía estar interesante colgar aquí un artículo que escribí para un periódico que hicimos toda mi clase, y que trata sobre los concurso de bellezas infantiles. Las fuentes de información las saqué de diferentes páginas de Internet, así que si a algún lector le interesa más el tema, podrá encontrar más información al respecto con relativa facilidad buscando un poco.
Aprovecho así para hablar del periódico que hicimos mi clase, y dejo el artículo como tercera página: "Barbies en miniatura".
El periódico se llamaba "La Verdad", y contaba como asignatura de proyecto integrado. El objetivo que pretendíamos con esto era aprender a trabajar en equipo, con las ventajas y desventajas que ello conlleva, además de aprender cómo funciona el montar un periódico, y poner cada idea que se nos ocurriera en pie. Pero sobre todo, nos demostró que si queremos de verdad hacer algo, podemos. Nos dimos cuenta de que hoy en día, la prensa, las noticias, los medios de comunicación... están muy manipulados y condicionados por aquellos que los subvencionan. Si esto es así, estos medios pierden libertad de expresión, porque no podrán comunicar ni expresar nada que disguste o perjudique a aquellos que les aportan el dinero, de manera que ninguno dice la verdad auténtica y de manera objetiva.
Nuestro periódico era distinto, porque nosotros mismos conseguimos el dinero para sacar adelante el primer número. ¿Y cómo lo hicimos? Pues nos disfrazamos todos de payasos y nos fuimos al Centro de la Ciudad, en un homenaje a Miliki (ya fallecido, payaso de nuestra infancia), cantando sus canciones y bailando con los niños que pasaban por allí. En una mañana recaudamos dinero suficiente para imprimir hasta 200 números.
Fue una experiencia increíble, y que nos aportó mucho. En cada número denunciábamos diferentes realidades, y así nos informábamos también de todas ellas: los desahucios, el paro, la corrupción, guerras, las empresas que utilizan mano esclava, y mucha de ella infantil... después vendíamos cada número a 1€, y el dinero que sacábamos lo destinábamos a distintos centros sociales en los que habíamos participado como voluntarios durante una semana. El segundo número salimos a venderlo a la calle, y es curioso como reacciona cada persona ante estas realidades.
Personalmente, y bajo mi punto de vista, creo que una de las misiones más importantes que tenemos en esta vida es saber llevarnos bien con nuestra conciencia, porque de ella depende en gran parte nuestra felicidad y nuestra paz interior. Si tienes una conciencia que te machada día a día y te recrimina cualquier mínimo fallo, acabas amargándote y odiándote a tí mismo. Pero si, por el contrario, tienes una conciencia muda que callaste con tus falsos ideales o tu manera radical de ver las cosas, te vuelves una persona fría e incapaz de empatizar, que no sabrá recriminarse sus propios errores, y por tanto nunca avanzará. Hay que saber encontrar un punto medio.
Cuando oímos hablar de todos estos temas, (niños esclavos, prostitución, suicidios, parados, desahucios, guerras...), se nos remueve algo por dentro, y es normal. Como personas humanas que somos, nos duele ver sufrir a un semejante, nos ablandan las lágrimas de un inocente. Y si no es así... es porque poco a poco, esta sociedad ha ido logrando convertir tu corazón en piedra, y endurecer tu capacidad de ponerte en el lugar del que sufre.
No interesa cambiar esta situación, porque aunque es una especie de estabilidad inestable, aún consigue mantener a los que están arriba del todo con el estómago lleno y con todo al alcance de sus manos... mientras que lo que están mucho más abajo, mueren de hambre y de pena, cuando ven morir a los suyos por la misma causa.
Como a los que tienen el poder no les interesa cambiarlo, ponen a tu alcance miles de excusas para no mover un dedo, o moverlo pero sin tocar al que sufre. Pocos son los valientes que se atreven a actuar directamente, porque a pocos no les han lavado la cabeza con la maravilla de consumir para ser feliz, disfrutar todo lo posible y mirarse el propio ombligo, sin preocuparse solo un poco por el que tienes al lado, porque simplemente no se lo merece. ¿Verdad?
Pues no. Esa felicidad es una mentira.
Pero ese, es otro tema que trataré más adelante. No conviene alargar esto más.
Simplemente decir, que muchos a los que les ofrecíamos el periódico nos decían "No, si yo ya hago, yo ya doy, yo ya colaboro, yo ya he..." Eso solo son escusas inocentes para calmar la conciencia. Pero ojo, no estoy diciendo que esté mal. Cada cual pone y hace lo que puede en la medida de sus posibilidades, y colaborar de esta manera también es una forma de poner tu granito de arena. Sin embargo, también es otra forma para callar esa pequeña parte de nosotros que sufre por lo que ocurre cerca, aunque nos empeñemos en imaginar esas realidades lejos de nosotros. Lo que hay que hacer no es dar lo que nos sobra, sino ayudar a crear conciencia para que poco a poco, muy a poco a poco, todos vayan siendo conscientes de qué clase de mundo nos rodea, y quién se son los buenos y los malos en todo esto. Crear conciencia para que se produzca poco a poco un verdadero cambio radical, no ayudar con lo que no necesitamos a estas personas, y que aún así su situación permanezca igual. El mundo necesita un empujón más grande.
Es un proceso lento, lento y costoso, y para nada fácil.
Pero no es imposible, eso seguro. No será el primer cambio grande que da la humanidad a lo largo de la historia.
Ni el último.