jueves, 11 de julio de 2013

Aprovecha lo que tienes

Creo firmemente en la frase de: “Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde”.
¿Por qué el ser humano es un ser tan tonto en este sentido? No apreciamos lo que tenemos hasta que deja de ser nuestro, o hasta que deja de estar a nuestro alcance. Casi parece que nos acostumbramos a tenerlo, pero cuando ese algo se va queda dentro un vacío y entonces es cuando notamos su ausencia, sentimos que debería estar ahí, y así es como lo echamos de menos. Lo triste es que nos pasa tanto con objetos, como con personas.

Esto me ha venido así porque sí, al ver en mi estantería uno de mis libros favoritos. Se llama “La escalera prohibida”, su autora es Padma Venkatraman. Trata sobre una niña india que por cuestiones familiares debe vivir en casa de un tío suyo muy radical respecto al tema de diferencia entre hombres y mujeres. Te cuenta la cultura india desde este punto de vista, y cómo a esta niña le niegan los estudios. La escalera prohibida da a una inmensa biblioteca con miles de libros, a donde no debe subir. Ya es de suponer cómo ella lucha y hace todo lo que está en su mano para que se le permita ir a la Universidad. Cuando leí este libro por primera vez, me encantó, y me dio mucho en qué pensar. Y la segunda vez que lo leí, hará un año o así, me paré a pensar qué hubiera hecho yo en esa situación. ¿A mí negarme unos estudios, solo por ser mujer? Uy la de problemas que hubiera dado a una familia así… por suerte he nacido en un ambiente favorable que me permite estudiar.
Y hasta que no me planteé que hubiera hecho si no hubiera podido estudiar, no me di cuenta de la tremenda facilidad que tenía para ello, ni la suerte que tengo por poder disponer de una formación así. Más aún sabiendo que estas realidades de diferencia y discriminación siguen dándose en otros países, donde las niñas, por el simple hecho de ser niñas, no pueden estudiar. Solo el imaginarme perder mi oportunidad de estudiar y formarme para el día de mañana, me hace darme cuenta de la tremenda suerte que tengo… una pena que muchos de mi edad no sean conscientes de ello. Sí, a veces no mola estudiar, te cansa, es pesado, los exámenes agobian, hay días de bajona o de pereza absoluta que ni con toda la fuerza del universo consigues meterte un párrafo en la cabeza… pero menos gracia me hace eso de casarme a los doce años con un tío de cuarenta, o de tener que someterme a ese marido, o dedicarme íntegra y únicamente a la casa y a mis hijos obedeciendo en todo, o de no tener una formación que me permita desenvolverme por mí sola… En la vida nada es fácil, si algo quieres algo te cuesta. Quejarse es fácil y sabemos hacerlo todos, pero también hay que saber cuando algo que de primeras no te convence, te acabará salvando el día de mañana. Yo creo que el problema principal está en que estas generaciones no son capaces de vislumbrar un beneficio a largo plazo. Todo tiene que ser inmediato, estamos acostumbrados a la rapidez, a la efectividad. Un ejemplo un tanto absurdo pero que sirve: ese momento en que pinchamos algo con el ratón del ordenador y tarda más de lo normal, pongamos que cinco segundos. A lo mejor es que está cargando más lento, o que no lo ha podido abrir bien... pero ese tardar, cuando normalmente lo tenemos al momento, nos hace desesperarnos un poquito. Si no somos capaces de esperar cinco segundos, ¿De verdad una adolescente que lo tenga todo será capaz de imaginarse dentro de diez años?
Es fácil evadirse, disfrutar del momento y dejar a un lado eso de “estudiar”, quitándole importancia a algo que es esencial para poder valernos por nosotros mismo en un par de años. Es fácil dejarlo a un lado si tampoco se preocupan de insistir en ello. También hay muchas cosas a las que engancharse (drogas, porros, tabaco, alcohol…) que acaban fácilmente con cualquier rastro de cordura o sensatez que te empuje a abrir un libro y comprender lo que este te muestra. Yo creo que estamos dando una especie de retroceso. Cada vez hay un mayor número de jóvenes que abandonan los estudios, ¿Y de qué piensan trabajar? Si hoy en día un doctorado, es el que apila las cajas en un supermercado. Vas al Burguer King o al Mac Donald, y perfectamente puede estar atendiéndote un ingeniero. Entre eso, y que bastantes jóvenes se quedan embarazadas a temprana edad… si tienen un hijo y no prosiguen con sus estudios, (mayormente porque no quieren, habrá otras que no puedan, pero en general si se quiere se puede), ¿Cómo sacará ese hijo adelante, y a ella misma? Al final todos son más piedras a la espalda de unos padres a los que se les descontrola la situación. También es verdad que hay jóvenes muy cualificados que sí se lo toman de verdad en serio, que saben cuándo y cómo ponerse, y que el día de mañana llegarán lejos. Aunque visto lo visto, ese “llegar lejos” hace referencia a cuando emigren a otro país, porque aquí no encuentren nada. Que pena me da que jóvenes con tanto potencial se vean obligados a irse… pero es lo que hay. No les queda otra.

Si los que tenemos la oportunidad de estudiar y formarnos como personas cultas y listas no aprovechamos esa facilidad, y los que quieren aprovecharla no pueden porque están cuidando de su familia o trabajando para no morir de hambre… ¿A dónde vamos a llegar? ¿Existe algún mapa que indique el lugar de “a ninguna parte”? Porque creo que vamos de cabeza. Pero como siempre, no será la primera ni la última situación al límite por la que pasa este mundo. Solo queda sobrevivir y aprovechar lo que se tiene, antes de perderlo. Al fin y al cabo nos necesitamos unos a otros, y si nos lavamos las manos por pereza, mientras que otros se las llenan de callos y tierra trabajando para sobrevivir, ¿Quién cogerá el boli para escribir otro final a esta historia?

Como todo, es un proceso a muuuy largo plazo. Madurar, formarse, aprovechar los estudios, convencer a los que vienen por detrás… no son solo cinco segundos en los que falle el ratón. Pero que sea largo, no quiera decir que sea imposible, ni que sea el final. No me cansaré de repetirlo :) 

No hay comentarios:

Publicar un comentario