miércoles, 18 de diciembre de 2013

Volvemos a las andadas :)

La verdad es que es complicado llevar un blog, junto con un voluntariado, una banda de música, un equipo de baloncesto y estando en segundo de bachillerato. Por ello es que no he podido escribir últimamente tanto como me hubiese gustado. Pero ahora que se acercan estas fechas más tranquilas, intentaré ponerme al día y escribir más a menudo, ya que tengo varias ideas en mente.
Próximamente quiero hacer una entrada sobre la violencia de género, poner en claro cuál es mi opinión basándome en datos actuales que he ido buscando, y con la experiencia personal de estar en un centro de voluntaria que precisamente se dedica a tratar además de con mujeres prostitutas, con mujeres que han sido maltratadas, (yo cuido a los niños de estas mujeres).
En estos días la tendré escrita y la subiré. Así que nada, voy a retomar de nuevo este blog tan peculiar.
Pasaros cuando queráis :)
Un saludo! :)

domingo, 3 de noviembre de 2013

Donde empiezan las estrellas...

He tardado más de dos semanas en romper el muro.
No encontraba fuerza en mis manos. No encontraba nada.
Han sido días oscuros en los que la sangre parecía haberse congelado. Solo me llegaba al corazón para recordarle que debía seguir latiendo. Solo llegaba a mis ojos para verter más y más lágrimas.
Como un rechazo en lo que es todo mi ser, que se negó a seguir viviendo como si nada.
Y es irónico, e inútil. Porque sabía que no le quedaba más remedio.
Tarde o temprano, los ángeles deben volver al cielo.
Este mundo insólito, a veces cruel, a veces hospitalario… este mundo esconde mil secretos que ni en toda nuestra existencia lograremos descifrar. Porque no están hechos para explicarse, ni para comprenderse… simplemente están ahí porque los necesitamos. Empeñados como estamos en darle un sentido a todo a través de un idioma que a veces se queda corto, nos cegamos antes maravillas evidentes que aunque no puedan demostrarse, están ahí. Existen, y nos superan.
A veces nacen ángeles sin alas. Hermosos, tienen una sonrisa tan bella que arranca más sonrisas en los rostros que la rodean. Son seres especiales que, tal vez, se merecen un mundo mejor que este. Son seres que en el fondo sueñan con alcanzar las estrellas, con tocar las nubes, con recostarse en la media luna y observar al mundo dormir.
Son seres que olvidan que no pueden volar...
Es uno de los límites que nos impone este mundo. Nos deja un cielo inmenso para mirarlo desde abajo. Solo podremos tocar el suelo, por mucho que nos empeñemos en llegar al cielo. Nuestro cuerpo siempre permanecerá atado al corazón de la tierra. Quizá porque sabe que somos tan pequeños, tan insignificantes, que si nos dejase solos más arriba, acabaríamos perdidos y sin rumbo. Como si no nos siguiéramos perdiendo en nuestro propio planeta.
Cae un ángel, atraviesa el aire.
Hay una princesa durmiendo entre estrellas. Ningún príncipe podrá despertarla con ningún beso.
Porque no es su mente lo que descansa, sino su alma.
He tardado mucho tiempo en atreverme a romper el muro. Ni siquiera sé si ahora que quiero intentarlo, podré conseguirlo.
Es un muro inmenso de piedra, frío, silencioso. Un muro que esconde un tesoro hermoso y camuflado. Dormido.
Un muro inmenso que sepulta mi conciencia y la calla, la obliga a que no piense y, a la vez, a que lo recuerde todo.
Es un muro dentro de mi mente, de nuestra mente. El muro del rechazo, de no querer ver lo que tenemos delante, y lo tapamos. Un muro que nos impide asimilar una pérdida, una derrota… que no nos deja seguir adelante, porque nos estampamos una y otra vez con su fría y brutal piedra.
Es difícil olvidar la sonrisa de un ángel.
Muy difícil.
Debemos derribar el muro del rechazo, que sane el olvido, que transcurra el tiempo…
Debemos encontrar la fuerza para no rendirnos.
Para no caer.
Hay ocasiones en las que cualquier idioma se queda corto. Son situaciones tan intensas, tan tristes, que ninguna palabra tendrá nunca el poder de representarla. Sentimientos tan fuertes, tan duros… aún no se han creado palabras para expresar algo así.
Por tanto, es sencillamente imposible escribir lo que abarca nuestro corazón en unos momentos así, es sencillamente imposible demostrar al mundo que lo que llevamos dentro nos quema, nos abrasa, nos hace caer una y otra vez aunque tengamos los pies en la tierra. Y es que hay mil forma de caer.
Pero ninguna de describir cómo nos sentimos al hacerlo.
Todos hemos soñado alguna vez con retroceder en el tiempo. Con dar marcha atrás, ver al sol ponerse en la dirección contraria una y otra vez, hasta llegar al momento justo en el que nos gustaría cambiar algo.
“¿Para qué queremos relojes?” –chillaba mi conciencia- “Para qué los queremos si solo nos sirven para ver cómo pasa el tiempo, sin que podamos detenerlo…”
Esas malditas agujas seguirán girando, pase ocurra y suceda lo que suceda. Son imparables.
Ese tic-tac tan semejante a los latidos de un corazón. El corazón del mundo seguirá palpitando, marcando el ritmo de nuestra vida, sin echar cuenta de los miles de corazones que deja atrás. Tantos latidos al ritmo de un compás que no les espera.
Ni nos esperará nunca, a ninguno de nosotros.
Lo que pocos saben es que dentro de todos los límites que nos imponen nuestras propias palabras, que nos impone el mundo, la tierra o el mismísimo cielo.. dentro de todo esto hemos creado algo que nos hace escapar.
Algo que nos hace volar aún con los pies en la tierra.
Algo que nos permite expresarnos sin necesidad de nombrar una sola palabra.
Que nos permite incluso viajar en el tiempo, retroceder a donde lo necesitamos.
Se llama música.
Y eso nadie, nunca, podrá arrebatárnoslo.
Es lo que nos permite seguir en pie aunque todo el mundo caiga una y otra vez. Es lo que nos devuelve la esperanza para seguir levantándonos, para seguir intentándolo. La que nos lleva a mil lugares distintos sin dar un solo paso.
Cae un ángel desde el cielo. Atraviesa el aire, rasga el vacío, araña la distancia a la piel de la tierra.
La música le acompaña.
No está sola.
Y así es como la han despedido mil almas en pena, mil corazones que no sabían dónde esconderse para que la realidad no les encontrara.
Una misión inútil, porque esta siempre nos encontrará a todos. Hagamos lo que hagamos.
Hay quien lo llama arte, pero es mucho más que eso.
Un escritor pinta su arte sobre palabras, un pintor lo pinta sobre el papel.
Un músico lo pinta sobre el silencio.
Hemos derribado un muro frío e inmenso a través de una melodía conjunta, una melodía que brotaba del verdadero dolor que siente una persona cuando se crea un vacío en su interior. Del dolor de una pérdida que no podrá recuperarse nunca, hagamos lo que hagamos.
Dolor… color. Una C lo cambia todo. Esa es su letra.
En un mundo que a veces yace en blanco y negro, hay ángeles sin alas que se atreven a pintarlo de mil colores.
Después de la tormenta siempre llega el arcoíris.
Después de tantas lágrimas, siempre estará ella.
¿Qué hace tanto color tras la oscuridad de un muro?
Derribemos ese muro. No dejemos que se quede ahí.
Más allá del arcoíris. Esa es la clave.
En aquel momento, detrás de nuestra princesa dormida, ya no sabíamos si éramos nosotros los que escuchábamos la música, o era ella la que nos escucha a nosotros.
Lo único que sé, es que ella sí que la escuchó.
Y que la seguirá escuchando, cada vez que toquemos.
Porque la tocaremos por y para ella.
Somos demasiado pequeños e insignificantes para imponer un final. Vemos un final cuando no sabemos darle explicación a lo que viene después.
Quizás nada acaba, todo vuelve a su origen, todo renace de nuevo.
Una sonrisa tan bonita no puede perderse.
Un ángel tan hermoso no puede dormir eternamente.
Que abandone un mundo no implica que se pierda para siempre. Una vez que se desprende de la tierra, siempre le quedará el cielo.
Quizás ahora ha encontrado las alas que había perdido cuando llegó aquí.
Tal vez ahora pueda tocar desde lo alto, sin límites.
Llueven notas, llueven plumas de unas alas que no dejan de saltar y batirse entre todas esas estrellas.
Llueven pétalos de una flor rosa que no deja de reír, y de volar, y de crecer…
Hay mil corazones atados a tierra que, dentro de sus cuerpos pequeños, no son capaces de llegar aún a lo alto.
Hay mil almas tocando una misma melodía, pensando en una misma princesa.
Y hay un flautín respondiéndoles desde el cielo.
Es imposible demostrarlo, imposible escribirlo, o pintarlo.
Pero sí podemos sentirlo.
Y por ello, también podemos tocarlo.
Esa es la magia de la música. Que va mucho más allá de lo real.
Y ese, es el mensaje que nos deja nuestro ángel rosa cada vez que coge su flautín y maravilla a las estrellas.
Siempre estará presente, de un modo u otro.
Esa fue la despedida muda de unos labios que no esperaban ningún príncipe.
Esas fueron las últimas palabras de mil corazones repletos de amor.
Hasta que la realidad nos separe, pequeño ángel.

Hasta que nuestra música vuelva a por ti.



sábado, 5 de octubre de 2013

En burbujas no entran palabras.

Me gustaría no haber encontrado palabras. Así no tendría que escribir algo tan difícil y tan doloroso.
Pero las he encontrado. Porque ni siquiera he tenido que buscarlas, ellas han venido solas. Ante tanto sufrimiento no solo ves las palabras, sino que oyes gritos, oyes protestas, oyes a tu misma conciencia lamentándose ante tanta indiferencia… hay momentos que se clavan y frenan tu día a día, lo queramos o no.
Creo que el mundo se está sumiendo en un individualismo tan bestial, que ya nadie se rige por su propia conciencia. Han aprendido a callarla y a vivir paliando lo que esta les chilla.
Hay millones de personas, cada vez más, viviendo su vida en burbujas, alejándose de todo lo que les rodea como si así no les afectase.
¿Qué lleva a seres que supuestamente sienten y padecen gracias a la empatía que tienen por el otro… qué es lo que les lleva a pasar de largo? ¿A no inmutarse, a no derramar ni una sola lágrima frente aquel que sufre?
A veces pienso que quizás, soy yo la que no está en buenas condiciones. La que va por detrás del resto. Yo veo noticias como la del pasado miércoles… y yo lloro. Lloro, no puedo evitarlo. Siento una impotencia, una rabia y una tristeza tan profundas que el único modo que encuentro de calmarme es dejar que broten las lágrimas. No harán nada ni por mí ni por ellos, pero al menos me recuerdan que aún me queda sensibilidad.
No como a la mayoría de los que quedan ahí fuera.
Y no porque no lloren. No por eso.
No les queda sensibilidad cuando pasan de largo, cuando lo ven y no van a ayudar, cuando se vuelven sordos a los gritos de auxilio para que su conciencia bien callada no sienta también ganas de gritar con ellos.
Pienso que, ahí arriba en sus burbujas y cada vez más alto, sienten un miedo atroz a caer. Y caerán en el momento en que se den cuenta de que ese “no es tan grave” que les susurra su falsa conciencia, es mentira. No se acercan a ayudar porque temen que les afecte, porque saben que lo hará. Y en el momento en que ese inocente que sufre les toque su fibra sensible... saben que sufrirán por el otro y temen hacerlo. Porque es más fácil vivir ignorándolo todo, vivir andando por nuestro camino sin pararnos a ayudar al que cae, e incluso a veces, pasando por encima de él si es necesario.
Gota a gota se llena un vaso. Lágrima a lágrima se funde la sal del océano.
Había oído muchos sucesos con una indiferencia por parte de los protagonistas más cercanos que incluso yo preferí no pararme a pensar en lo que había ocurrido, por temor  a darme cuenta de que si, de que es verdad, de que hay gente que ha dejado enfriar su corazón de tal manera que ya no es más que un trozo duro y frío de hielo, insensible incluso al calor de una lágrima.
Recuerdo la noticia de la mujer india en el autobús. Aquella que violaron un grupo de hombres de una forma tan bestial que días después murió por el desgarre interno que le habían provocado.
Repito: en un autobús. Un autobús donde iba más gente, todos ellos más que conscientes de lo que estaba pasando, y ninguno se levanto a impedirlo. ¡Ninguno!
No hay que irse tan lejos, no hay que recorrer kilómetros para darnos cuenta de la terrible indiferencia que va sepultando este mundo poco a poco.
Hace unos días a una mujer anciana, cuando paseaba por la calle, le mordió un perro en la pierna y le provocó una dolorosa herida. Sangraba y del susto tardó en reponerse. El dueño estaba sentado en el bar de enfrente y tras presenciar la escena, ni se levantó. Simplemente llamó a su perro y dejó a la anciana a su suerte. Nadie de los que estaba en el bar se acercó a ella. Nadie de la calle. Lo que ellos no sabían, es que esa mujer había sufrido ya dos infartos de corazón, y que un susto así la podía haber dejado en el sitio. Lo que nadie sabe, es que esa mujer es mi abuela.
Ni que hablar ya de lo ocurrido hace unos días, con el joven polaco de 23 años. Lo encontraron tirado en la calle, con una desnutrición tan terrible que no podía ni ponerse en pie. “Estaba raquítico, como los chiquillos que salen en las zonas de África con hambruna” fueron las palabras textuales de una de las personas que llamaron a la ambulancia para socorrerlo. Según ellos, era escalofriante verlo, él mismo “no se explicaba cómo había podido llegar hasta aquí, no podía andar…”.
Su nombre era Pietr, y tras ser atendido en el hospital, esa misma noche a las dos de la madrugada le dieron el alta bajo el epígrafe de “problemática social” y lo mandaron a un albergue de servicios sociales, donde horas después murió.
Pesaba treinta kilos, 30 kilos con 23 años, y sin embargo le dieron el alta cuando necesitaba una ayuda mucho más seria. ¿Cómo pudieron? ¿Cómo de insensible o de callada tiene que estar una voluntad para que se eche a una persona en ese estado, sabiendo que su vida peligra? No ya como trabajadores de allí, sino como personas, es que tu propia moral no te puede permitir hacer eso…
A mi me da vergüenza reconocer que esto ha pasado en mi propia ciudad. Tan cerca de mi zona. Lo último que he leído de esta noticia es que fuentes de investigación están buscando a familiares de este chico que se encuentren en el país, pero lo único que han conseguido averiguar es que al parecer había venido a España en busca de su hermano.
Y ya, como guinda final a este pastel envenenado del que a todos nos obligan a comer un poco… la tragedia acontecida en Lampedusa. 

Más que quinientas personas viajaban en esa embarcación, somalíes y eritreos. El naufragio superará con creces más de trescientos cincuenta muertos.
Al parecer llevaban dos días viajando, tan apretados que no podían ni moverse. Cuando llegaron a la proximidad de la isla decidieron prender una manta que tenían para llamar la atención, con la mala suerte de que el puente del barco estaba sucio por carburante, y en un momento el barco entero quedó apresado por las llamas. El pánico se adueñó de los inmigrantes y muchos se tiraron al agua sin saber siquiera nadar, mientras que el navío se hundía pesadamente sobre el mar. Durante toda la tragedia, tres barcos pesqueros pasaron, los vieron, y no les ayudaron. Y aunque hubiesen estado todos ciegos, hubiesen podido oír perfectamente los llantos y los gritos desgarradores pidiendo auxilio,
Por ahora, son 135 supervivientes, 150 cadáveres y alrededor de 200 personas desaparecidas. Añadiendo a todo ello que los buzos de la Guardia Costera han contabilizado en el interior de la nave hundida a cuarenta metros de profundidad casi un centenar de víctimas, la mayoría mujeres y niños, en su momento muchos de ellos atrapados.
Respecto a la frialdad de los barcos pesqueros, salió en debate que Italia tiene una normativa deshumanizada frente a este tipo de situaciones, ya que el país ha procesado a pescadores que han salvado vidas humanas con la acusación de haber favorecido a la inmigración clandestina.
Así como dato, además, la conclusión a la que ha llegado la Liga Norte es que la responsable moral de la tragedia es Cecile Kyenge, la mujer de origen africano sobre la que escribí una entrada hace más tiempo. Su respuesta tajante fue: “Imputarme la responsabilidad moral es una ofensa a las víctimas”.
No comprendo a dónde quieren llegar con esto, ni siquiera… no se. Es que no se no lo se. Dije que tenía palabras, ¿Pero sabéis qué? Era mentira.
Lo único que tengo es una impotencia tan grande que me caigo por su propio peso. Una rabia que escuece tantísimo, y una tristeza tan profunda… que la única manera de sacármelas de encima antes de que ellas me saquen a mí de mis casillas, es escribir, escribir como si así todo fuera a solucionarse, como si mis palabras pudieran derretir todos esos corazones fríos rodeados de una burbuja tan pomposa y tan dura.
No podemos ir por la vida con una indiferencia tan atroz. No podemos dejar de inmutarnos ante estas situaciones. Y sí, sé que hay gente que ayuda, sé que hay gente que puso su alma en ayudar a todos aquellos inmigrantes… pero también sé que hay gente que no lo hizo, y que si volviera a suceder, seguiría sin hacerlo. Ellos son los que se merecen estas palabras de crítica y sin embargo, ellos son los que no las leerán.
El mundo a veces es tan inmundo, que nos creemos en ninguna parte.
Quiénes somos nosotros para poner fronteras, para decidir quién vivirá con dignidad y quién no, quién comerá todos los días tirando lo que no le gusta, y quién morirá de hambre, sin encontrar nada que llevarse a la boca.
Creo que el mundo entero, la misma tierra, se estremece ante tanto dolor chocando con tanta indiferencia. Y todos aquellos que viven en sus burbujas no se dan cuenta, no notan los temblores, no sienten nada que no sea el propio frío de su corazón…
Yo no sé ya, si de verdad así se libran del dolor.
Se sufre muriendo intentando salvar tu vida, y la de los tuyos.
Pero también se sufre viviendo muerto, queriendo salvarse solo a uno mismo.

Porque en el fondo saben que nadie, se molestará en salvarlos a ellos.


sábado, 28 de septiembre de 2013

Sin rumbo, pero imparables.

Esto va a todo el mundo. Al mundo entero.
Y sin embargo, apenas lo leerán tres o cuatro.
Va por todos aquellos que una vez se cayeron, y decidieron no levantarse.
Por todos aquellos que lloraron cuando tocaba reír, y los que rieron cuando tocaba llorar, o al menos callarse.
A los que se quedaron callados cuando tenían la verdad encerrada en la boca, y a los que no sabían expresarse en el silencio, y soltaban cualquier tontería a la primera de cambio.
Va por todos aquellos que nunca se emocionaron con un texto hasta el punto de llorar, y a aquellos que lloran con todo lo que leen, porque lo viven.
A los que aman la música y a los que no la conocen, cegados por una sociedad que propone el mismo modelo vacío y carente de sentimiento para todo el mundo. Si la música no te transmite un sentimiento, si no te hace evadirte del lugar en el que estás… entonces eso no es música. Todo lo de ahora que tan solo es ritmo que dispara la adrenalina y os hace bailar como peonzas, unas con otras… no es música. Son todos ratas que siguen a un flautista al que pagan para llevarlos lejos, donde interesa al que tiene el dinero y lo contrata.
Esto va a todos lo que dijeron “nunca” y acabaron haciéndolo, y a los que dijeron “para siempre” y ahora no recuerdan haberlo prometido, porque lo terminaron antes de tiempo. A todos los “te quiero” falsos que solo buscaban interés y acabaron haciendo llorar a personas que ingenuamente habían abierto las puertas de su corazón. Y por el contrario, a todos aquellos “te quiero” verdaderos que o bien nunca ha habido valor para decirlos, o no se ha dado el momento adecuado… pero que se han pensado día sí y día también. Y a los te quiero que sí se dijeron con el corazón palpitando como loco, y que ahora son un “te amo”.
Por todos aquellos sueños que dejaron abandonados en algún lugar de la infancia, y por toda esa infancia perdida entre sueños que nunca se cumplieron. Por toda la inocencia que dejamos atrás, y por todos esos inocentes que aún no caminan tan delante como nosotros, aunque la sociedad les empuje a ir cada vez más rápido.
Por todas esas verdades silenciadas, por todas esas mentiras gritadas a los cuatro vientos. Por los cuchicheos de oído en oído, por las sonrisas cómplices, por las sonrisas tristes, rotas, inseguras… por cada lágrima que ha terminado en la tierra de nuestro planeta, y ha acabado alimentando a alguna flor. Por todas esas puestas de sol que nunca fueron fotografiadas por nadie, y por todas aquellas que regalaron un rayo verde a alguna cámara afortunada, o a unos ojos pendientes, guardando un deseo que deseaba escapar y cumplirse.
Esto va a todos los que leerán este texto, y a todos los que no. Qué mas dan unas palabras, qué importa ya si leen o no leen. Lo único que importa es a dónde vamos, ni siquiera de dónde venimos. Lo único que importa es que cada vez nos perdemos más, tirando por caminos que no llevan a ninguna parte, dejando atrás los que pueden salvarnos.
Se acaban las segundas oportunidades. Se acaban para todas esas risas, esos “te quiero” o “te amo”, esos “nunca” y esos “para siempre”… para cada lágrima, cada canción, cada libro…
El mundo arde en un sinfín de pasiones falsas. Las verdaderas, se asfixian entre tanto humo.
Demos un respiro al mundo, a nosotros mismos, antes de que nos falte el aire y ya nadie pueda suspirar ningún “te quiero”, ni ningún “para siempre”…
Hagamos bailar nosotros al flautista que nos arrastra a su antojo.
Hagamos cambiar a la sociedad, y no que ella nos cambie a nosotros.
Esto va para todos. Para el mundo entero.
No dejemos que escriban un final por nosotros.

Un final que no queremos.


domingo, 1 de septiembre de 2013

Y caemos poco a poco.

Llevo ya bastantes años oyendo esto de “La crisis”. Se podría decir que he crecido con ella. He crecido oyendo recortes, oyendo cifras de parados, oyendo protestas, quejas y lamentos de los que más la sufren.
Sin embargo, en todo este tiempo, no he oído a uno solo de los que están arriba renunciar a sus buenas cantidades de dinero. En cambio, si que he oído a otros que estamos más abajo echarlas en falta. Y no por que no puedan comprarse el móvil que les guste, o porque les duela más renunciar a un par de prendas de ropa.
Las he oído cuando no podían permitirse el lujo de comprar comida, y debían acudir a un comedor social. Las he oído cuando niños que empezaban el cole no podían ni comprarse materiales nuevos, y se les caía la cara de vergüenza delante de sus compañeros, y del profesor. Las he oído cuando no podían pagar hipotecas, y a raíz de ahí les echaban sin piedad de sus casas. Cuando jóvenes brillantes tenían que emigrar a buscar suerte en otros países, y los que no podían ni permitirse el viajar se quedaban aquí, o bien esclavizados en un bar cutre o carcomiéndose porque no saben dónde se ven el día de mañana. Muchos de ellos haciendo doctorado, o con carrera terminada y más que nota suficiente como para darse a valer en un trabajo.
Todo esto lo iba oyendo, y oyendo, pero supongo que intentaba y evitaba no preocuparme, confiando en que con el tiempo se solucionaría, que tanta importancia no tenía, que todo el mundo lo estaba exagerando.
Era mi manera de evadirme y no ver la preocupación en la mirada de todos los mayores que me rodeaban. Lo triste es que cuando veía ese destello de ansiedad, solía ser mirándome a mi, o a los de mi edad. “¿Y qué haréis vosotros?” –pensarán- “¿O cómo?”
Ahora que el tiempo pasa y sigo oyendo lo mismo, esa ansiedad va anidando poco a poco en mi cabeza. Muchos me dicen “No te preocupes, para cuando tú tengas que trabajar ya estará todo mejor”. Con mejor quizás se refieren a los pobres más pobres, los ricos más ricos, y la clase media en extinción. Porque no veo que estén llevando esta situación hacia otra parte. 

Yo también doy por hecho que cuando termine de estudiar ya… un momento. ¿Estudiar? ¿Universidad? Si, yo también lo daba por hecho. Hasta que una se da cuenta de que eso no está ahí para todo el mundo, y que tal como vamos… sería una suerte si consigo no ya entrar en la carrera que quiero, sino pagarla.
Damos por sentado cosas que con el tiempo cambian, y mientras los de ahora no podrán trabajar, muchos de ahora no podremos estudiar. ¿Becas? ¿Para qué? Un país irá mucho mejor cuando estudien solo los que tengan dinero, no inteligencia de sobra para sacarse una carrera con matrícula. Así los profesionales del día de mañana serán aquellos que hayan podido pagarse sus estudios. Todo irá mejor entonces ¿verdad? Los que no tengan dinero, que se busquen la vida, pero ¿estudiar? Eso es de ricos, chaval, no sueñes con cosas que no están a tu altura.
Hay muchas formas de afrontar y asimilar una situación así. Esa duda de “¿Podré, podré estudiar?” Yo por lo menos tengo la macabra “suerte” se continuar con esa duda, pero también sé de otras amigas mías que saben bien la respuesta a esa pregunta, y prefieren ni pensarla para no agobiarse aún más.
Cuando comprendí, en mi burbuja ajena a todos, que la crisis también me afectaba a mí, caí de esa burbuja y me quedé sentada en el suelo, abatida. Parecía todo tan lejano, tan lejos de mi... y sin embargo estaba ahí, en cada paso que daba.
Primero me sentí triste, engañada, no podía creer de verdad que no fuera a ser tan fácil como lo había pensado en un principio “Estudio una carrera y trabajo”. Anda pues no, estudias si tus padres se matan a trabajar para poder pagártelo, y trabajarás si bien emigras a otro país o te pones aquí a mendigar por un puesto.
Luego me cabreé, me enfadé con el mundo y con todos los que están ahí arriba y que sin ningún derecho deciden en cada acción lo que será de mí el día de mañana. Mis padres se tienen que matar a trabajar todos los días cada vez por menos dinero, y más horas, para que yo pueda estudiar y salir de este país e intente hacer algo con mi vida, mientras ellos se ríen en sus casas bien decoradas, cuentan sus millones y coleccionan paraísos fiscales.
Llegué a soñar que me escapaba y me plantaba en mitad de un congreso, por la cara. Es obvio que era un sueño, porque entré por una ventana, y no creo yo que la seguridad de un sitio así esté tan a la ligera. Me plantaba allí, pedía educadamente un micrófono y leía todo un texto ya preparado, mientras la mayoría asentían y cuando terminaba aplaudían. A partir de ahí de no me acuerdo de mucho, solo sé que se repente apareció Obama y no recuerdo por qué. Después se transformó en pesadilla, porque me desperté bastante agobiada. 

“Como yo no pueda estudiar por culpa de los gilipollas que están ahí tocando las pelotas a todos los trabajadores honrados que quedamos, yo la armo eh?” –le dije a mi madre- “Es que no pienso quedarme quieta. No será la primera vez que una persona mueve a un millón”.
Que ilusa ¿verdad? Como si yo pudiera de verdad hacer algo.
¿Pero y qué? Yo sé que no es fácil, y que seguramente fracase. Pero prefiero fracasar por intentarlo mil veces, que fracasar por quedarme de brazos cruzados. Si, suena a tontería de niña pequeña, pero en verdad, esta es la inocencia que mueve al mundo. Al fin y al cabo, estoy convencida de que las más grandes personas son todos esos ilusos que vivían soñando, y que un día decidieron despertar.
No cunda el pánico. Por ahora no se avecina ninguna revolución mía así de solipandi en huelga. Lo que más triste me parece, es que soy ilusa por creer que puedo levantar algo grande, pero más aún lo fui pensando que podría estudiar sin problemas. Y esa, si que es una realidad que tarde o temprano presentará su oportunidad, y no sé si podré ni estaré en condiciones de aprovecharla. Ni siquiera sé si se me presentará a mí.
¿A dónde va el mundo? No lo sé. Tenía entendido que iba dando vueltas, y parece que nos caemos en cada vuelta que da. No sé a dónde va, lo único que sé es que yo no voy con él. Y que si alguien dice “imposible” para mí significa “inténtalo”. ¿No sabéis ya que para un adolescente lo “prohibido” viene a ser “hazlo sin que se den cuenta?” Pues para una adoles-ino-cente como yo, lo que me quitan injustamente, viene a ser como un… “no dejes que se lo quiten a nadie más.”
Y eso haré.
Qué inocente, ¿Verdad?

Menos mal.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Retomando esto :)

Si no he escrito en todo este tiempo, es porque el verano implica también despejarse viajando, cambiando de sitio, de lugar, de rutina… y por fortuna o por desgracia no siempre nos acompaña el Internet. O si, pero no como para escribir diariamente en un blog desde un ordenador.
Hay tantos temas de los que me gustaría escribir que al final me colapso, no sé cómo abarcarlos, y finalmente no consigo arrancarme y escribirlos. Creo que lo mejor será que vaya entrelazando los que pueda, teniendo en cuenta que no quiero que sean muy largos. Aunque pocas veces consigo ese objetivo…
Este texto más bien es para informar que ya estoy de vuelta, y que por tanto retomaré el blog y escribiré más a menudo. Por lo menos hasta que empiece el curso, donde quizás no pueda escribir lo que se dice todos los días.
Por hacer un pequeño adelanto, me gustaría escribir de la crisis, de cómo afecta a mi entorno, de la mujer india a la que violaron hace una semana, de mi voluntariado con los niños de Nigeria, que comienza ahora de nuevo en septiembre, de lo que opino de la Iglesia, y de las religiones… no se, aún estoy maquinando.
Mañana ya subiré el próximo texto.

Hasta entonces, un saludo :)

jueves, 25 de julio de 2013

Tragedia descarrilamiento en Santiago

Supongo que no hay palabras.
Hay lágrimas, muchas lágrimas. Abrazos, rostros consumidos en pena, bocas resecas, hombros caídos, ojos cerrados para no ver cómo la realidad nos golpea…
Pero no hay palabras. No las hay.
Creo que intentar buscar un “por qué” es condenarnos a una locura perpetua, a un sinfín de preguntas para las que nadie tiene respuesta.
Y sin embargo… ¿Por qué?
La empatía puede ser el mayor don, o la mayor maldición. Sentirte en la piel del otro en una situación así te lleva a ayudar en todo lo que puedas, pero también te sume en una tristeza continua por no poder hacer más de lo que ya haces.
Impotencia. Una impotencia y una rabia que consumen cualquier rastro de cordura dentro de tu cabeza. ¿Para qué queremos relojes si solo nos sirven para ver cómo pasa el tiempo? ¿Para qué si no nos permiten retroceder y evitar tantas tragedias?
Esas malditas agujas seguirán sonando, avanzando, sin tener en cuenta que dejan atrás casi ochenta corazones menos. Pequeños relojes que marcaban el tiempo a latidos, uno tras otro. Y ahora que se han apagado… el mundo continúa girando. 
Como si nunca hubiesen estado ahí.
Mentira.
En ese tren viajaban doscientas diecinueve historias, y aunque ochenta hayan perdido los latidos que las escribían día a día, el resto no dejaremos que esas historias con un trágico final se olviden sin más.
A veces parece que estamos solos, pero en el momento de la verdad, cuando se nos necesita, cuando ocurre una tragedia grande que no pueden controlar y arreglar solo unos pocos… todo el mundo aporta, todo el mundo se moviliza por el otro.

Y entonces, ya no estamos solos. 
No quiero regodearme en la tragedia, en la tristeza, en lo que todos sentimos cuando imaginamos como se sienten todos los afectados, tanto directos como indirectos… esa pena, ese dolor por el otro, tiene que ser el impulso que nos lleve a actuar. Esa es la energía para poner en marcha el motor que nos mueve a todos a dar cuando se nos necesita de verdad.
Fue desde el principio. Antes de que llegaran las ambulancias, los vecinos ya estaban ayudando a los heridos, y aportando mantas y todo lo que les pedían.
Y desde el primer momento, bomberos y policías colaborando para rescatar a personas atrapadas, ayudar a las que permanecían en las vías tras el impacto. Supongo que estos tres testimonios de policías no serán nuevos para la mayoría, pero aún así, no dejan de ser impactantes, y conmovedores.
“No puedo contener mis lágrimas, cuando estoy sacando cadáveres y les están sonando sus teléfonos móviles” dijo uno.
Otro policía gallego dijo: “Me ha impactado muchísimo una imagen. Un padre, una madre y un hijo abrazados, muertos”
Y un niño de 17 años le dijo a un policía mientras moría: “Dígale a mi hermano que le apoyaré desde donde esté, para que se futbolista…”
¿Sabéis? Hay mil maneras de definir a un héroe. Pero los verdaderos, no llevan capa. Llevan casco y uniforme. Un héroe salva vidas. Y todos ellos, todos los que están allí, como los que aparecen en esta imagen, son auténticos héroes. Pero no son los únicos. Porque todos han aportado en la medida de sus posibilidades, y eso, en el momento de la verdad, es lo que cuenta. 

Todos esos médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, muchos en paro, que han acudido a ayudar voluntariamente. Esas inmensas colas de alrededor de miles de donantes desde ayer por la noche, cuando se hizo el llamamiento en los hospitales. Esos enfermos o heridos leves que ya estaban ingresados, pidiendo el alta para dejar camas libres a los que iban llegando en un estado más grave; esas personas anónimas que han transportado en sus coches a los heridos hasta el hospital, bomberos que suspendieron una huelga para ayudar en la tragedia, psicólogos voluntarios, personas de todo el país movilizándose para ir y dar apoyo, ayudar o donar sangre…
Ya lo decía el periódico británico, y sin embargo no hace falta: nosotros ya lo sabemos:
“España, gran ejemplo de solidaridad en los peores momentos. Están en crisis económica, pero no emocional”.
Y es que juntos se puede. Juntos no hay nada imposible, si nos movemos por un mismo motivo.

Es verdad que no podemos retroceder en el tiempo, ni borrar una tragedia así tan rápido como sucedió. Pero sí podemos afrontarla y dar de nosotros para aliviar en todo lo posible a los que la están padeciendo más de cerca. Es lo que todos pensamos, hasta que en momentos como este se hace realidad: cada cual aportando su granito, logrará formar junto a los demás una inmensa montaña. 
Y todos los que estaban y están aún allí, aportando, hacen que esa montaña no caiga. Hacen que todo este dolor sea más llevadero, salvando vidas, ayudando en rapidez para identificar a aquellos que ya han fallecido. No estáis solos. Todo el país está con vosotros, y todos lo que lo componemos nos ponemos en vuestra piel, y os mandamos nuestro más sincero apoyo. Solo hay que mirar las redes sociales, escuchar las noticias, o tan siquiera asomarse a la calle y escuchar de qué habla la gente, para darse cuenta de que es verdad.
No regodearos en ese “por qué”, y callarlo con un “cómo”. Cómo ayudar a los que siguen ahí, cómo seguir a partir de ahora, cómo luchar para que un accidente así no se vuelva a repetir, cómo afrontarlo sin hundirnos, cómo no quedarnos atrás… 
Que ese “cómo” acapare cada pequeño tictac en las agujas de vuestro corazón, para que así la cordura que anida en vuestra mente no tenga tiempo de buscar un “por qué”.
Con sucesos así es cuando uno se da cuenta de lo frágil que es una vida, y sin embargo, lo importante y fundamental que se vuelve para tantas personas, y el vacío tan inmenso que puede llegar a dejar si se pierde.
No olvidéis que no estáis solos, por favor. Y sed fuertes, la fuerza es lo que mueve a las personas a seguir avanzando, aunque la vida decida a veces derrumbarnos a golpes.



Desde aquí, mis más sinceras condolencias a los familiares de las víctimas y a los propios afectados en el accidente. Escribir esto es lo mínimo que podía hacer, ya que no tengo medio ni edad para llegar y plantarme en el hospital, y así poder donar sangre, ni tampoco he llegado aún a estudiar psicología para poder acudir allí donde la gente necesita asimilar un suceso así.
No sé si alguno de los afectados leerá esto que escribo, al fin y al cabo, es un blog perdido de una chica cualquiera, demasiado insignificante comparado con lo que ha pasado en estos dos días.
Pero es todo lo que puedo hacer.
Un abrazo inmenso, y ánimo. No olvidéis nunca que mientras más trágica sea vuestra historia, más fuerte tiene que ser vuestra sonrisa.
Y esos corazones que ya no están aquí, lo hubiesen querido así. Estoy segura.
La vida no te enseña a ser fuerte, te obliga a serlo.
Así que ánimo, mucho ánimo.

lunes, 22 de julio de 2013

El problema no son los orangutanes. Son los salvajes que no distinguen "animal" de "persona".

Me parece alucinante.
No sé si alguno de vosotros habrá leído o escuchado esta noticia. Yo la vi el otro día por la televisión y quise informarme un poco más. De hecho aquí os dejo el enlace por si os interesa leer el artículo que publicó El País al respecto.
Y yo que pensé que habíamos avanzado con este tema… de verdad, creo que existen seres humanos que hacen dudar al resto de si somos o no la raza más avanzada de la naturaleza. Porque una raza avanzada habría superado unos problemas basados en argumentos tan estúpidos.
Mira que nos empeñamos en tropezar con la misma piedra, por más que haya personas que dedican su vida a ir quitándolas una a una.
Resulta que el exministro Roberto Calderoli, comparó a la ministra, la doctora Cécile Kyenge, nacida en el Congo hace 48 años, con un “orangután”. Al parecer ya ha recibido más insultos de este tipo, dedicados por la Liga Norte.
Para arreglar (como si eso fuera posible) lo que había dicho, se justificó diciendo que había sido una “broma simpática”. 
No comprendo lo que este tio entiende por “simpático”, pero desde luego si es ese concepto, no creo que merezca la pena mantener una conversación agradable con él. Porque a mi me viene alguien diciéndome algo de ese tipo, y lo que primero que suelto por la boca no es agradable, precisamente.
Como es de esperar, (o no, porque pienso que las personas que están ahí deben tener un mínimo de educación), los 1500 simpatizantes de la Liga Norte que estaban allí le rieron la ocurrencia.
Cuando pequeños, seguro que ha todos nos ha pasado algo vergonzoso, del tipo… “se me ha pegado un chicle en el culo por sentarme en el suelo” o.. “se me ha salido un moco”. Y esto provoca que toda tu clase, como mucho veinte niños de tu misma edad, se rían de ti. Y pasas la vergüenza de tu vida, parece que nunca vas a superar ese golpe.
¿Alguien me explica cómo afrontar que se rían de ti 1500 personas? ¿Y porque te han insultado en público?
Aunque bueno, ojo al dato, insultar lo que se dice insultar… al fin y al cabo todos descendemos del mono, y estoy segura de que esta mujer es más evolucionada que todos esos 1500 juntos. Al fin y al cabo es la única que ha sabido mantener la compostura y que no se retira. Ya se sabe, quien ríe el último ríe mejor.
Frente a comentarios como “Kyenge sería una ministra estupenda pero en el Congo” y “su carrera de ministra en Italia fomenta la inmigración ilegal”, ella se ha limitado a responder: “Siento pena al escuchar estas palabras. Debería utilizar su visibilidad para transmitir mensajes constructivos”.
Ole. Ole sin duda. 
Yo no hubiera sido capaz de mantener la calma en una situación así. Pero ella sí, y no solo eso, sino que ha dicho una verdad como un templo.
Da pena que personas que son referencia de otras por compartir una misma ideología digan barbaridades tan radicales que no aportan nada en este mundo, tan solo más problemas, más conflictos, y más sufrimiento por parte de las personas a las que se discrimina. Como si no tuviéramos ya bastante de eso.
Y ya la guinda del pastel fue el comentario de Dolores Valandro, una consejera municipal de la Liga Norte en Padua, que a causa de una violación supuestamente cometida por jóvenes negros, escribió en su Facebook: “¿Pero es que no hay nadie que la viole a ella, al menos para que pueda entender qué siente la víctima de un delito infame? ¡Vergüenza!”
¿HOLA?
A ver si lo he entendido, ¿eh? Vamos a ver.
Lo que esta señora culta y en una posición considerable nos está intentando decir, es que Kyenge, por el simple hecho de ser negra, ya tiene la culpa de que unos jóvenes negros hayan violado a una persona.
Claro, entonces yo, por ser blanca, tengo también culpa de todas las violaciones que han hecho los de mi mismo color, aquí o en otro país.
¿¡Y cómo es que ando suelta aún!? ¿POR QUÉ NO ME HAN METIDO YA EN LA CÁRCEL?
Claro así va el mundo, con gente como yo suelta por ahí… si es que no puede ser.
De verdad que estas cosas me enervan de una manera insana. ¿Qué sentido tiene discriminar a una persona por el simple color de su piel? ¿No han sufrido ya bastante a lo largo de la historia como para machacarlas también ahora?
Quizás a esos que están ahí arriba, con una edad ya considerable, y un corazón más que podrido en algunos aspectos, no podamos cambiarles su mentalidad de “raza superior, raza inferior”. Pero por lo menos, vamos a procurar que los que vienen detrás, los que venimos detrás y a los que nos dejaréis el mundo en las manos, no nos coman la cabeza con estupideces de ese tipo. Que tengamos la mente más abierta para poder solucionar o tan siquiera sanar un poco las miles de heridas que ha ido dejando este tipo de mentalidad.
Si de verdad somos más inteligentes que los animales, vamos a aprender a solucionar de una maldita vez nuestras diferencias, y a aceptarnos con todas ellas. Que hasta eso saben hacerlo mejor que nosotros. 
Más delante escribiré otra entrada sobre lo que pienso del racismo y la xenofobia y tal (como si aún quedara alguna duda con respecto a mi posición en el asunto), y de paso aprovecharé para hablar sobre mi voluntariado con niños, la mayoría del Congo. Más lindos…
Ojala que con el tiempo vaya cambiando esta mentalidad de considerarnos superiores. Solo la unión hace la fuerza.
Y queremos conocer a gente de otro planeta, vida de otro planeta, mientras seguimos discriminando a nuestros iguales aquí en la Tierra.
Pues que vergüenza si alguna vez nos visitan de ahí arriba.
Yo me pido ser árbol.


Sé que soy radical y un tanto borde hablando del tema, pero es algo que me molesta mucho. Más adelante escribiré otras entradas sobre esto, y os recomendaré alguna canción que lo critica, y que merece la pena escuchar.

jueves, 11 de julio de 2013

Aprovecha lo que tienes

Creo firmemente en la frase de: “Nadie sabe lo que tiene, hasta que lo pierde”.
¿Por qué el ser humano es un ser tan tonto en este sentido? No apreciamos lo que tenemos hasta que deja de ser nuestro, o hasta que deja de estar a nuestro alcance. Casi parece que nos acostumbramos a tenerlo, pero cuando ese algo se va queda dentro un vacío y entonces es cuando notamos su ausencia, sentimos que debería estar ahí, y así es como lo echamos de menos. Lo triste es que nos pasa tanto con objetos, como con personas.

Esto me ha venido así porque sí, al ver en mi estantería uno de mis libros favoritos. Se llama “La escalera prohibida”, su autora es Padma Venkatraman. Trata sobre una niña india que por cuestiones familiares debe vivir en casa de un tío suyo muy radical respecto al tema de diferencia entre hombres y mujeres. Te cuenta la cultura india desde este punto de vista, y cómo a esta niña le niegan los estudios. La escalera prohibida da a una inmensa biblioteca con miles de libros, a donde no debe subir. Ya es de suponer cómo ella lucha y hace todo lo que está en su mano para que se le permita ir a la Universidad. Cuando leí este libro por primera vez, me encantó, y me dio mucho en qué pensar. Y la segunda vez que lo leí, hará un año o así, me paré a pensar qué hubiera hecho yo en esa situación. ¿A mí negarme unos estudios, solo por ser mujer? Uy la de problemas que hubiera dado a una familia así… por suerte he nacido en un ambiente favorable que me permite estudiar.
Y hasta que no me planteé que hubiera hecho si no hubiera podido estudiar, no me di cuenta de la tremenda facilidad que tenía para ello, ni la suerte que tengo por poder disponer de una formación así. Más aún sabiendo que estas realidades de diferencia y discriminación siguen dándose en otros países, donde las niñas, por el simple hecho de ser niñas, no pueden estudiar. Solo el imaginarme perder mi oportunidad de estudiar y formarme para el día de mañana, me hace darme cuenta de la tremenda suerte que tengo… una pena que muchos de mi edad no sean conscientes de ello. Sí, a veces no mola estudiar, te cansa, es pesado, los exámenes agobian, hay días de bajona o de pereza absoluta que ni con toda la fuerza del universo consigues meterte un párrafo en la cabeza… pero menos gracia me hace eso de casarme a los doce años con un tío de cuarenta, o de tener que someterme a ese marido, o dedicarme íntegra y únicamente a la casa y a mis hijos obedeciendo en todo, o de no tener una formación que me permita desenvolverme por mí sola… En la vida nada es fácil, si algo quieres algo te cuesta. Quejarse es fácil y sabemos hacerlo todos, pero también hay que saber cuando algo que de primeras no te convence, te acabará salvando el día de mañana. Yo creo que el problema principal está en que estas generaciones no son capaces de vislumbrar un beneficio a largo plazo. Todo tiene que ser inmediato, estamos acostumbrados a la rapidez, a la efectividad. Un ejemplo un tanto absurdo pero que sirve: ese momento en que pinchamos algo con el ratón del ordenador y tarda más de lo normal, pongamos que cinco segundos. A lo mejor es que está cargando más lento, o que no lo ha podido abrir bien... pero ese tardar, cuando normalmente lo tenemos al momento, nos hace desesperarnos un poquito. Si no somos capaces de esperar cinco segundos, ¿De verdad una adolescente que lo tenga todo será capaz de imaginarse dentro de diez años?
Es fácil evadirse, disfrutar del momento y dejar a un lado eso de “estudiar”, quitándole importancia a algo que es esencial para poder valernos por nosotros mismo en un par de años. Es fácil dejarlo a un lado si tampoco se preocupan de insistir en ello. También hay muchas cosas a las que engancharse (drogas, porros, tabaco, alcohol…) que acaban fácilmente con cualquier rastro de cordura o sensatez que te empuje a abrir un libro y comprender lo que este te muestra. Yo creo que estamos dando una especie de retroceso. Cada vez hay un mayor número de jóvenes que abandonan los estudios, ¿Y de qué piensan trabajar? Si hoy en día un doctorado, es el que apila las cajas en un supermercado. Vas al Burguer King o al Mac Donald, y perfectamente puede estar atendiéndote un ingeniero. Entre eso, y que bastantes jóvenes se quedan embarazadas a temprana edad… si tienen un hijo y no prosiguen con sus estudios, (mayormente porque no quieren, habrá otras que no puedan, pero en general si se quiere se puede), ¿Cómo sacará ese hijo adelante, y a ella misma? Al final todos son más piedras a la espalda de unos padres a los que se les descontrola la situación. También es verdad que hay jóvenes muy cualificados que sí se lo toman de verdad en serio, que saben cuándo y cómo ponerse, y que el día de mañana llegarán lejos. Aunque visto lo visto, ese “llegar lejos” hace referencia a cuando emigren a otro país, porque aquí no encuentren nada. Que pena me da que jóvenes con tanto potencial se vean obligados a irse… pero es lo que hay. No les queda otra.

Si los que tenemos la oportunidad de estudiar y formarnos como personas cultas y listas no aprovechamos esa facilidad, y los que quieren aprovecharla no pueden porque están cuidando de su familia o trabajando para no morir de hambre… ¿A dónde vamos a llegar? ¿Existe algún mapa que indique el lugar de “a ninguna parte”? Porque creo que vamos de cabeza. Pero como siempre, no será la primera ni la última situación al límite por la que pasa este mundo. Solo queda sobrevivir y aprovechar lo que se tiene, antes de perderlo. Al fin y al cabo nos necesitamos unos a otros, y si nos lavamos las manos por pereza, mientras que otros se las llenan de callos y tierra trabajando para sobrevivir, ¿Quién cogerá el boli para escribir otro final a esta historia?

Como todo, es un proceso a muuuy largo plazo. Madurar, formarse, aprovechar los estudios, convencer a los que vienen por detrás… no son solo cinco segundos en los que falle el ratón. Pero que sea largo, no quiera decir que sea imposible, ni que sea el final. No me cansaré de repetirlo :) 

miércoles, 10 de julio de 2013

No hay que dejarse engañar...

En ocasiones, puede suceder que los ojos de un niño sean más maduros que la cabeza de muchos adultos. ¿Y a dónde fue la infancia que les cubría su mirada de ingenuidad?
Si hay algo con lo que me hierve la sangre, es con una infancia marchita. Hay personas que se enervan cuando abandonan a ancianos, otras que defienden a los animales por encima de todo, otras que identifican su vida y el mundo con la música, y sienten que su vida depende de esta… para mí, si hay algo que me enerva y por lo que estaría dispuesta a cambiar como fuera, es por los niños que deben renunciar a su infancia. 
Estos temas los di hace unos años en clase de Educación Para la Ciudadanía. Hicimos varios grupos y se trataron diferentes temas: niños esclavos, niños soldados… yo escogí el tema de la prostitución infantil, y fue un trabajo que me sirvió de mucho, y me abrió un poco más los ojos hacia el mundo en que nos toca vivir. De hecho, fue un tema que no solo tocó mi fibra sensible, sino que penetró en ella y logró arrancarme un hermoso poema, al que titulé “Tristes princesas olvidadas”. Lo incluí en el trabajo con imágenes que se reproducían en el proyector, pero no imágenes macabras que te hagan cerrar los ojos. No se trata de remover el estómago, sino de crear conciencia. A veces no hace falta ser tan rudo, y de hecho, cuando ves muchas imágenes de este tipo, dejan de afectarte igual, lo cual es triste, pero inevitable. Eran imágenes que iban acorde con los versos, imágenes de tristeza, de paisajes, de princesas… a muchos se les saltaron las lágrimas al exponer el trabajo, y por ello me llevaron a bachillerato a exponérselo a los alumnos. Para mí aquello fue un mundo, ellos eran los grandes del colegio, no sabía como ponerme ahí en medio y hablar de un tema así, y menos leerles una poesía… Tenía asimilado que quizás la mayoría se reiría de mí, pero sabía que a pesar de todo estaba haciendo lo correcto. Porque con que solo uno de ellos se parase a pensarlo, lo analizara, y se diera cuenta de lo que estaba contando, ya habría merecido la pena.
El resultado fue inolvidable. Todos aplaudieron conmocionados, y mi profesor me contó más tarde que muchos fueron a la mesa a preguntarle si era verdad lo que yo había contado, e incluso si podían hacer algo, o si podían informarse más…
Ahí fue cuando me di cuenta del poder de las palabras. De lo que era capaz de transmitir mediante la escritura; del gran talento que supone manejar el idioma, y poder transmitir casi todo lo que sientes, para bien o para mal. 
Eso fue hace años, pero desde entonces me propuse que yo haría algo por esa realidad, aunque fuese la cuarta parte de un granito de arena. Y por ello, este año estuve de voluntaria en un centro que ayudaba a mujeres prostitutas por trata de blanca, la mayoría de Nigeria, y mientras ellas daban talleres de español, cocina o arte terapia, yo cuidaba junto con otra voluntaria a sus hijos. Ha sido una experiencia muy bonita, de la que ya hablaré más a fondo en otra entrada, porque merece la pena.
Escribir todo esto aquí parece fácil, pero no lo es. Cada cual puede forjarse una opinión según lo que entienda al leer cualquier texto que publique aquí. Cuando yo cuento estas realidades o incluso mi voluntariado, cada cual reacciona de una manera. Unos piensan que tengo un gran corazón, otros que estoy haciendo una labor muy bella y sana… pero también los hay que piensan que me han lavado la cabeza, o incluso que estoy desperdiciando mi juventud.
Yo soy la primera que piensa que, tal vez, de lo que tenga edad sea de comerme el mundo y no la cabeza. El problema es cuando el mundo se come a todos los que te rodean, poco a poco, y tú no consientes quedarte de brazos cruzados. A veces para comerse el mundo, hay que comerse un poco la cabeza también.
No considero que esté desperdiciando mi adolescencia, y mucho menos que me hayan lavado la cabeza. Creo que aquellos que se cogen una borrachera inmensa todos los findes de semana, o aquellos que fuman cualquier hierba, o los que abandonan sus estudios para disfrutar de los placeres más tentadores y a la vez efímeros y traicioneros… todos ellos que únicamente piensan en sí mismos y se dejan guiar por el consumismo continuo, el usar y tirar personas según el beneficio que estas puedan reportarte… creo que eso sí es verdaderamente desperdiciar una adolescencia. ¿No es triste que se considere sinónimo de adolescencia el beber hasta no poder más, o el engancharse al tabaco?
No me han lavado la cabeza por la sencilla razón de que soy una adolescente más, una adolescente cualquiera, con la única diferencia de que no me dejo engañar por una sociedad que oculta y mantiene en silencio muchas barbaridades, por el simple hecho de que esta situación beneficia a los que más poder tienen, y por tanto no conviene cambiarla. Pero, ¿Alguno se ha parado a pensar que esas personas que mueren de hambre, esos niños que caminan por campos de minas, o esas niñas de 10 años que se prostituyen, podríamos ser cualquiera de nosotros? Si no tienen el menor reparo por la situación de estos niños, ¿Por qué lo iban a tener con nosotros? ¿A caso no se ha visto claro con los desahucios que está habiendo, o los despidos? ¿Han dudado mucho de dejar en la calle a familias enteras que no tenían nada más? Parece que nos tienen en estima, pero en realidad todo es relativo según cómo y dónde seamos útiles. Cuando falta el dinero, cualquiera es prescindible, y todo es perdonable. O eso parece.
No me han lavado la cabeza por concienciarme del tipo de mundo en que vivimos. Considero que lo hubieran hecho si ahora fuera una marioneta más, con la única obsesión de estar perfecta a los ojos de los demás, de ir siempre a la moda, de tener el último móvil, el novio más guapo, las fiestas más alucinantes… supongo que tener de todo un poco no está mal. Pero abusar, sea de lo que sea, nunca es bueno.
Quizás parezca que vivir concienciado de estas realidades es vivir amargado, pero verdaderamente ese es otro motivo bien planteado para seguir ignorando estas situaciones. Al fin y al cabo, en las noticias salen todo tipo de barbaridades, cometidas por asesinos, o ladrones, o psicópatas… nos enteramos y aún seguimos viviendo. Entonces, ¿Por qué la situación de estos niños apenas aparece en los medios de comunicación? Sería interesante saber qué empresas están detrás de las fábricas con niños esclavos, o qué países con mayores redes de prostitución infantil tienen un turismo muy elevado a causa de este motivo… Hay mil razones para no querer saber nada de estos temas, pero esas mil razones son las mismas que utilizan los de ahí arriba para mantenerlo en silencio. Y mientras se mantengan ocultos a la mayor parte de la humanidad, poco podremos hacer.
Pero todo es ponerse. Todo es ponerse, y nada es imposible. Si cambiar una situación tan trágica fuese imposible, los judíos aún seguirían en campos de concentración, y los negros tendrían que cedernos los asientos en los autobuses… 
En ocasiones, los ojos de un niño son más maduros que la cabeza de muchos adultos. Pero hay otros niños que sí tienen la mirada inocente de quien nace en un lugar adecuado. Si todos ponemos de nuestra parte, esos niños el día de mañana serán adultos con la mente madura y concienciada, capaces de lograr todo aquello que se propongan, y de no dejarse manipular por nadie. Y así cada uno pondrá su granito para cambiar el mundo. No es imposible, de verdad que no. Tan solo difícil, y lento. Pero no imposible.


Seguiré subiendo entradas, hay varios temas aquí en los que me gustaría profundizar más. Se admite también cualquier sugerencia. No pienso dejarme nada en el tintero :)