sábado, 28 de septiembre de 2013

Sin rumbo, pero imparables.

Esto va a todo el mundo. Al mundo entero.
Y sin embargo, apenas lo leerán tres o cuatro.
Va por todos aquellos que una vez se cayeron, y decidieron no levantarse.
Por todos aquellos que lloraron cuando tocaba reír, y los que rieron cuando tocaba llorar, o al menos callarse.
A los que se quedaron callados cuando tenían la verdad encerrada en la boca, y a los que no sabían expresarse en el silencio, y soltaban cualquier tontería a la primera de cambio.
Va por todos aquellos que nunca se emocionaron con un texto hasta el punto de llorar, y a aquellos que lloran con todo lo que leen, porque lo viven.
A los que aman la música y a los que no la conocen, cegados por una sociedad que propone el mismo modelo vacío y carente de sentimiento para todo el mundo. Si la música no te transmite un sentimiento, si no te hace evadirte del lugar en el que estás… entonces eso no es música. Todo lo de ahora que tan solo es ritmo que dispara la adrenalina y os hace bailar como peonzas, unas con otras… no es música. Son todos ratas que siguen a un flautista al que pagan para llevarlos lejos, donde interesa al que tiene el dinero y lo contrata.
Esto va a todos lo que dijeron “nunca” y acabaron haciéndolo, y a los que dijeron “para siempre” y ahora no recuerdan haberlo prometido, porque lo terminaron antes de tiempo. A todos los “te quiero” falsos que solo buscaban interés y acabaron haciendo llorar a personas que ingenuamente habían abierto las puertas de su corazón. Y por el contrario, a todos aquellos “te quiero” verdaderos que o bien nunca ha habido valor para decirlos, o no se ha dado el momento adecuado… pero que se han pensado día sí y día también. Y a los te quiero que sí se dijeron con el corazón palpitando como loco, y que ahora son un “te amo”.
Por todos aquellos sueños que dejaron abandonados en algún lugar de la infancia, y por toda esa infancia perdida entre sueños que nunca se cumplieron. Por toda la inocencia que dejamos atrás, y por todos esos inocentes que aún no caminan tan delante como nosotros, aunque la sociedad les empuje a ir cada vez más rápido.
Por todas esas verdades silenciadas, por todas esas mentiras gritadas a los cuatro vientos. Por los cuchicheos de oído en oído, por las sonrisas cómplices, por las sonrisas tristes, rotas, inseguras… por cada lágrima que ha terminado en la tierra de nuestro planeta, y ha acabado alimentando a alguna flor. Por todas esas puestas de sol que nunca fueron fotografiadas por nadie, y por todas aquellas que regalaron un rayo verde a alguna cámara afortunada, o a unos ojos pendientes, guardando un deseo que deseaba escapar y cumplirse.
Esto va a todos los que leerán este texto, y a todos los que no. Qué mas dan unas palabras, qué importa ya si leen o no leen. Lo único que importa es a dónde vamos, ni siquiera de dónde venimos. Lo único que importa es que cada vez nos perdemos más, tirando por caminos que no llevan a ninguna parte, dejando atrás los que pueden salvarnos.
Se acaban las segundas oportunidades. Se acaban para todas esas risas, esos “te quiero” o “te amo”, esos “nunca” y esos “para siempre”… para cada lágrima, cada canción, cada libro…
El mundo arde en un sinfín de pasiones falsas. Las verdaderas, se asfixian entre tanto humo.
Demos un respiro al mundo, a nosotros mismos, antes de que nos falte el aire y ya nadie pueda suspirar ningún “te quiero”, ni ningún “para siempre”…
Hagamos bailar nosotros al flautista que nos arrastra a su antojo.
Hagamos cambiar a la sociedad, y no que ella nos cambie a nosotros.
Esto va para todos. Para el mundo entero.
No dejemos que escriban un final por nosotros.

Un final que no queremos.


No hay comentarios:

Publicar un comentario