Mentalidad de Adoles(ino)centes...

*Este texto lo escribí hace ya varios años, y es uno de mis preferidos. Hace referencia al aire de superioridad que muchos se dan cuando adolescentes, según la personalidad, virtudes o carencias que uno posea. Me ha parecido interesante colocarlo aquí. Es bastante irónico y crítico, y creo que os puede gustar.

A todos ellos, vacas, toros, zorras, perros y demás…:

Me hace gracia.
Bueno, más que eso, me divierte. Si, es curioso como al final, después de todo, resulta que en el fondo no somos más que eso; simples animales que siguen su instinto.
Algunos lo dominan, si, saben controlarse. Saben cuando hablar y qué decir, cuando callarse… y cuando soltar una hostia a quien se pasa de la raya. Básicamente aprendemos a marcar nuestro territorio, aunque gracias a Dios no usando nuestras queridas partes genitales, algo que para algunos resulta ser lo único de lo que presumir.
Es más, ya no solo nos comportamos como animales, sino que etiquetamos a las personas como tales. Y dependiendo del tipo de animal que seas, puedes juntarte con otros, si o no.
También en curioso como va evolucionando la gente. Eso de ganar territorio acaban tomándoselo realmente en serio, es increíble. Pero a veces… el instinto falla, si. Creen que algunos animales son inofensivos porque no se han parado a conocerlos, y sin embargo, cuando deciden ir a por ellos… acaban convirtiéndose en su presa.
No sé, por poner un ejemplo… está la típica zorra, ¿No? Esa tía ligerita de casco que va con el primero que pilla, y que como buena hembra va por ahí presumiendo de su cuerpo, esté buena o no.
También está el denominado “perro”, ese que decide aprovecharse al máximo de cualquier tía sin tener en cuenta sus sentimientos, y es que, después de la imagen generalizada que dan las zorras de la mayoría de nosotras, no dudan ni un poquito en sacar el máximo de provecho.
Está la lagarta, esa tía rastrera que miente a tus espaldas y va criticando a todos los que puede, solo para quedar por encima. Conozco a unas cuantas, si, y ya va siendo hora de que alguien las pise, y bien fuerte…
No falta tampoco el famoso “gallito”, y ya, si añadimos “de pelea” acabamos de describir al prototipo masculino de nuestra fabulosa generación. Sí, ese tío que va por ahí de macarra, se mete en cualquier pelea, y no tiene ni dos dedos de frente. No me extrañaría nada encontrar a muchos gallitos de eso dentro de unos años debajo de un puente, picoteando de lo que pillan. Y es que, si no te atreves a plantarle cara a lo más grande, sea lo que sea, pasas automáticamente de “gallo de pelea” a “gallina”, es decir, que no tienes dos huevos bien puestos para pelearte con cualquiera, sino que los vas poniendo por ahí porque básicamente te cagas de miedo. Si, al parecer la gente confunde sensatez con miedo, pero… ¿Para qué repetir lo mismo otra vez? Como ya dije antes, muchos son puros esclavos de sus instintos.
Así, no puede faltar el único animal que nos queda del corral: el pollo. Este suele ser esa persona con propio criterio o, simplemente, más tímido, al que los demás marginan o desprecian simplemente por puros estereotipos. Dicen que los animales tienen sentimientos, pero… si muchos son capaces de hacer tanto daño a una persona, ¿en que categoría nos deja eso? Creo que no existe ninguna raza que tenga el corazón como una piedra tan putamente dura, y es que a veces ni las lágrimas del que sufre ablandan a los demás. A veces, aquellos a los que denominan “pollos” acaban siendo las personas más increíbles, porque han visto su vida de una manera diferente a los demás. Una pena que la gente no se acerque a ellos, porque son la clase de compañía que verdaderamente hace falta.
Luego están los tipos más generalizados, la vaca/foca/ballena aquellos que tienen un cuerpo más proporcionado, la jirafa para aquellos más altos, las víboras, esas personas que cuando pueden te dan un mordisco rápido y te causan dolor, o bien te mienten constantemente hasta que acabas amargándote. Las hienas, esas que se ríen por todo, hagas lo que hagas, digas lo que digas. El camello, aquel que es capaz de engancharte a una deliciosa pastilla que conducirá tu vida a la más auténtica mierda, o la lapa, esa persona que se convierte en tu sombra porque acaba dependiendo de ti; la cotorra, esa persona que no se calla ni bajo agua, o el loro, ese que repite todo lo que dices o lo que haces, bien porque eres su ídolo o porque carece de un cerebro mínimamente desarrollado como para pensar por sí solo. Está el “mono de feria”, sufijo incluido, que se dedica a hacer reír a los demás, aunque a veces sea a costa de su propia persona. El pulpo, aquel que acapara todo con un ansia incontrolada que le lleva a desear cada vez más, y el cerdo, esa persona guarra por naturaleza, o directamente “cochina”. El pato-so, aquel que tiene manos de trapo, o básicamente le cuesta mantener el equilibrio, y el maripo-són/mariquita, esos hombres que por tener un gusto sexual diferente al parecer deben ser criticados. El borrico, ese que es bruto por propia genética, el perezoso, aquel que no mueve ni un solo dedo y a quien el mínimo gesto le supone un esfuerzo impensable, la tortuga, esa persona lenta de por sí, y el felino, ese animal impredecible que o bien resulta adorable o responde de la manera más arisca posible y encima te araña. Y, en general, una gran cantidad y variedad de especies que componen lo que nosotros denominamos como “raza humana”.
Y lo más curioso, es que unos se intenten sobreponer sobre otros, que se crean superiores o con derecho de decir “Aquí estoy yo, ¡y ahora doblegaos!” Si tuviera que calificarme como alguna especie en concreto, me pediría ser un gorila, para poder repartir hostias bien merecidas a varias personas a la vez, o tal vez un bonito abejorro con un avispón del tamaño de una escoba, para poder pegar tal picotazo que deje insensible la mitad de un cuerpo, o bien para inyectar algo de humildad en algún corazón. Aunque visto lo duro que lo tienen algunos, creo que mi bonito aguijón acabaría partiéndose.
¿Qué por qué pongo esto aquí? Pues no sé la verdad, supongo que estaría bien que si alguien está tan rematadamente aburrido como para leerlo lo tenga en cuenta. ¿Quién es quién para etiquetar a alguien? Pues nadie. Ya va siendo hora de que la gente baje de ese pedestal tan alto en el que creen que se encuentran, y que esa “ley de la selva” que poco a poco se va implantando vaya tocando a su fin.
Porque sí, nos comportamos como animales, las tías van en manada, siempre juntas, incluso al baño, como si al estar solas estuviesen desprotegidas, y lo tíos necesitan resaltar su virilidad constantemente, como si el que menosprecien a la mujer fuese gesto de su imponente hombría… desgraciadamente, hay algunas… ¿pájaras bobas? que lo consideran como tal.
Es triste porque, al fin y al cabo, nada de esto es mentira. Pero llega un momento en el que hay que pasar, ¿Qué os comportáis como animales? Pff pues allá vosotros, las consecuencias de lo que hagáis no seré yo quien las pague. ¿Que queréis ser animales? Adelante, nadie os lo impide. Eso sí, a mí tampoco me impide nadie reírme de vosotros. Si sois animales, creo que me puedo permitir el lujo de abandonaros a vuestra suerte… porque muchos hacen eso con los verdaderos amigos de cuatro patas y lengua fuera.
Y como todo animal, hay que saber educarlo. Así que si os portáis mal... hostia al canto. Así de fácil.
Total, sois animales, animales que creen tener sentimientos cuando disfrutan haciendo daño a los demás, animales cuyo único objetivo es quedar por encima... ¿por encima de qué? ¿De vuestra propia mierda? Yo paso de mancharme las manos con algo así.
Disfrutad, pues, como animales. Animales inocentes que no saben donde se están metiendo.
Animales que, cuando el cazador pegue el tiro, comprenderán que es demasiado tarde.

Y no podrán escapar de su propia mentira.

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