viernes, 3 de enero de 2014

Más inocencia y menos maldad

Creo que si miramos en el fondo de todos los temas que vaya tratando, al final siempre encontramos la misma causa. Oculta, callada, bien disimulada o incluso ignorada a veces.
Es ese individualismo que corroe cada rincón del mundo, poco a poco y sin que nos demos cuenta.
No sé de donde viene: si de los modelos propuestos a seguir, fruto de que cada interesado consiga hacerse con el dinero que desea… si del consumismo, de la superficialidad o de buscar una felicidad falsa y vacía que realmente no nos aporta nada
No sé de donde viene. Solo sé que está ahí y que cada vez se va haciendo más grande, manifestándose en hechos que se pretenden mantener cada vez más y más en silencio, con el vago intento de convencernos una y otra vez de que no están ahí.
Hasta que sea demasiado tarde, y nos engullan.
Quizás no es malo ser individual. Nada es malo en su justa medida, la propia filosofía nos lo dice: se trata de buscar un equilibrio en cada cosa, los excesos nunca son buenos.
Creo que una individualización llevada al límite acarrea tener poca empatía con el resto, a ser menos sensibles o a volvernos más indiferentes frente a las tragedias de otros. Buscamos nuestra propia felicidad y como mucho la de la gente que más y que verdaderamente nos importa: los demás que se la busquen por sí solos.
El problema está cuando buscamos una felicidad equivocada, que nos lleve por caminos que a la larga pasen factura y solo cuando sea tarde para volver, nos demos cuenta de que aquello no era felicidad, simplemente emociones fuertes o promesas falsas que han consumido nuestro tiempo, y nuestro buenos modos.
El problema está cuando creemos que para ser felices, debemos perjudicar a otro. Y reírse de alguien o sentirse superior no es ser feliz. Es ser imbécil. Y como tales, confunden sus pocas luces con “felicidad”.
Pienso que esto se manifiesta desde los más pequeños, por la educación que reciben, ya no solo de su entorno más cercano, sino a través de los medios de comunicación o de lo que ven y oyen y que está a la orden del día.
Tardamos demasiado poco en criticar a otros. La envidia, los malos pensamientos, el juzgar lo que se sale de nuestra manera de pensar… ¿No es mejor respetarnos y dejar que cada uno sea como sea? ¿De verdad seguimos confundiendo el sentirnos superiores con ser felices? Tanta superioridad puede que les lleven alto: pero tarde o temprano caerán, porque verdaderamente no hay nadie sujetándolos ahí arriba.
He estado haciendo un trabajo durante todas estas vacaciones, cuyo objetivo es generar un debate en mi clase. Para ello escogí un tema y busqué toda la información posible que encontré, la confirmé por varias fuentes, y expondré el tema primero de manera objetiva y más adelante según mi opinión, por qué pienso que es importante y cuáles son sus causas para mí.
El tema es el acoso escolar.
Nunca pensé que un tema con unas dimensiones y unas consecuencias tan atroces pudiera estar tan silenciado. Luego caí en que verdaderamente eso es lo que se hace con todos los temas así.
Es realmente terrible lo que pueden llegar a padecer estas criaturas. Pero lo peor de todo, quizás, son esos niños que les hacen tanto daño una y otra vez. ¿De dónde sacan tanta maldad? ¿Cómo es que no se les revuelven las tripas de causar tanto, tantísimo daño?
Antes de informarme del tema para mí era algo serio pero que estaba ahí y que solo sabía de su existencia cuando alguien me lo nombraba o leía algo por algún lado. Pero una vez que me he informado, he comprendido que tal vez no se sabe hasta qué grado de crueldad puede llegar a ser este bullying, o cuántos niños en España, en Europa y en el mundo padecen esta injusticia.
Creo que ha crecido a lo largo de los años a causa de Internet; es mucho más fácil criticar a alguien sin mirarlo a la cara y sabiendo que no tendrás que enfrentarte directamente, que plantarte delante y soltarle todo lo que piensas mirándole a los ojos.
Antes, aunque te acosaran en el colegio, tú llegabas a tu casa y era un lugar relativamente seguro: no había móviles, ni ordenador, ni nada que te pusiera en contacto con aquellos que estaban deseando machacarte una vez más.
Porque no es solo el machaque físico, a veces no hace falta llegar a las manos para destruir a una persona. Hay palabras que duelen más que puñetazos o patadas, y eso es un machaque psicológico que a la larga te va sumiendo en una pena y una baja autoestima infinita. Eso tiene que salir por algún lado, y las consecuencias pueden ser verdaderamente terribles.
El suicidio entre una de ellas.
Y no como última opción o en casos concretos. Al año, 300.000 adolescentes se suicidan a causa del acoso escolar. Y hay que estar verdaderamente muy desesperado, hundido y acabado como para llegar a ese extremo.
En la UE, el acoso y el maltrato por bullying lo sufren alrededor de 24 millones de niños y adolescentes al año.
Pero este acoso del que hablo no se trata de insultar a alguien un día o un encontronazo en un momento concreto. Es algo reiterativo en lo que cada vez va participando más gente, no ya de forma directa sino indirecta también. Porque muchos que son conscientes de que está pasando con un compañero o alguien del entorno, deciden ignorarlo y seguir con su vida. ¿Para qué? Para buscar su propia felicidad, ajena a las de otros que no conocen y de los cuales si son infelices no es su problema. No hay que implicarse si tú no recibes nada a cambio, mucho menos si puedes ponerte tú mismo en juego. Esa es la mentalidad con la crecen y maduran muchos, lo que conlleva esta indiferencia cada vez más grande que corroe cada rincón del mundo.
España no se libra de esta epidemia, al igual que muchos otros países. De Europa, es el cuarto país con más acoso escolar, con graves consecuencias a causa de ello. Algo que no deben de considerar lo suficientemente importante como para que salga en los medios de comunicación de forma más llamativa.
Especialistas de la UE y de la ONU han advertido que para el 2025, 850 mil suicidios en el mundo de niños y adolescentes estarán motivados por el bullying, muy por encima de fallecimientos por conflictos bélicos, rozando niveles epidémicos.
Mi conclusión es que algo estamos haciendo mal. Porque de estas cifras la inmensa mayoría son de los países más ricos y del primer mundo. Si los inocentes del tercer mundo están masacrados y viven mal, y los del primer mundo viven bien pero se perjudican entre sí mismos y se provocan su propia muerte… Algo falla ¿no?
Y quizás, es fácil sobrellevar el tema si no nos afecta directamente, como suele pasar con todo. Pero me apuesto lo que sea a que más de uno que lea esto, conoce a alguien que ha padecido acoso, quizás más leve, o tal vez más fuerte. Todos saben de qué se habla cuando se trata un tema así.
Quizás es más fácil comprenderlo si cambiamos a esa persona por un hijo nuestro, o un hermano. Ya no parece tan poco importante.
No pido, como nunca, una revolución ni un cambio radical ni nada por estilo. Son cosas grandes que conllevan tiempo. Lo único que pido es conciencia, muchas veces la ignorancia es la peor enemiga. Solo con saberlo y respetar el tema, y procurar no perjudicar a nadie o no dejar que otros lo hagan, ya estamos haciendo algo, ya estamos aportando nuestro granito. Nunca sabemos cuál será la gota que colmará el vaso.
Obviamente con este escrito mi objetivo no es criticar a nadie, porque verdaderamente es un tema donde  hay que implicarse más a fondo para solucionarlo de raíz, pero que poco a poco puede ir calmándose. Solo hacer saber que está ahí, y que no se ignore tanto, creo que ya es un paso. Quizás no es solo recriminar, sino más bien, y a estas alturas, prevenir.
Hay muchos datos al respecto de este tema, pero escribirlos todos aquí haría de este texto algo pesado y lento de leer. Prefiero dejar aquí una idea y más adelante, tratar un perfil en concreto, con el mismo vídeo que voy a poner en el debate, sobre un caso real. Lo haré cuando exponga el trabajo, para que cuando lo vean allí no lo hayan visto ya antes.
Hace falta un poco más de inocencia, y mucha menos maldad. Hay demasiada crueldad en corazones demasiado pequeños. Si las futuras manos en las que quedará el mundo comienzan atacando desde tan pronto… ¿Qué reservarán con el paso del tiempo?
Un buen ejemplo. El mundo más que consejos, necesita ejemplos. Modelos a seguir que con cada gesto griten sin voz “¿Ves? Es posible”
El problema es que como esos modelos a seguir serán diferentes, y romperán con tantos estereotipos, se les criticará lo más grande.
Pero ya veremos quién al final de los dos bandos, si el que critica o el que ha sabido llevar su propio criterio ayudando al que lo necesita, es el que cae.
Quién de ellos, será el que al final se dé cuenta de que encontró el verdadero camino.
Quién pensará con conciencia tranquila.. “Si, hice lo correcto”.

“Y he sido el más feliz…”

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Volvemos a las andadas :)

La verdad es que es complicado llevar un blog, junto con un voluntariado, una banda de música, un equipo de baloncesto y estando en segundo de bachillerato. Por ello es que no he podido escribir últimamente tanto como me hubiese gustado. Pero ahora que se acercan estas fechas más tranquilas, intentaré ponerme al día y escribir más a menudo, ya que tengo varias ideas en mente.
Próximamente quiero hacer una entrada sobre la violencia de género, poner en claro cuál es mi opinión basándome en datos actuales que he ido buscando, y con la experiencia personal de estar en un centro de voluntaria que precisamente se dedica a tratar además de con mujeres prostitutas, con mujeres que han sido maltratadas, (yo cuido a los niños de estas mujeres).
En estos días la tendré escrita y la subiré. Así que nada, voy a retomar de nuevo este blog tan peculiar.
Pasaros cuando queráis :)
Un saludo! :)

domingo, 3 de noviembre de 2013

Donde empiezan las estrellas...

He tardado más de dos semanas en romper el muro.
No encontraba fuerza en mis manos. No encontraba nada.
Han sido días oscuros en los que la sangre parecía haberse congelado. Solo me llegaba al corazón para recordarle que debía seguir latiendo. Solo llegaba a mis ojos para verter más y más lágrimas.
Como un rechazo en lo que es todo mi ser, que se negó a seguir viviendo como si nada.
Y es irónico, e inútil. Porque sabía que no le quedaba más remedio.
Tarde o temprano, los ángeles deben volver al cielo.
Este mundo insólito, a veces cruel, a veces hospitalario… este mundo esconde mil secretos que ni en toda nuestra existencia lograremos descifrar. Porque no están hechos para explicarse, ni para comprenderse… simplemente están ahí porque los necesitamos. Empeñados como estamos en darle un sentido a todo a través de un idioma que a veces se queda corto, nos cegamos antes maravillas evidentes que aunque no puedan demostrarse, están ahí. Existen, y nos superan.
A veces nacen ángeles sin alas. Hermosos, tienen una sonrisa tan bella que arranca más sonrisas en los rostros que la rodean. Son seres especiales que, tal vez, se merecen un mundo mejor que este. Son seres que en el fondo sueñan con alcanzar las estrellas, con tocar las nubes, con recostarse en la media luna y observar al mundo dormir.
Son seres que olvidan que no pueden volar...
Es uno de los límites que nos impone este mundo. Nos deja un cielo inmenso para mirarlo desde abajo. Solo podremos tocar el suelo, por mucho que nos empeñemos en llegar al cielo. Nuestro cuerpo siempre permanecerá atado al corazón de la tierra. Quizá porque sabe que somos tan pequeños, tan insignificantes, que si nos dejase solos más arriba, acabaríamos perdidos y sin rumbo. Como si no nos siguiéramos perdiendo en nuestro propio planeta.
Cae un ángel, atraviesa el aire.
Hay una princesa durmiendo entre estrellas. Ningún príncipe podrá despertarla con ningún beso.
Porque no es su mente lo que descansa, sino su alma.
He tardado mucho tiempo en atreverme a romper el muro. Ni siquiera sé si ahora que quiero intentarlo, podré conseguirlo.
Es un muro inmenso de piedra, frío, silencioso. Un muro que esconde un tesoro hermoso y camuflado. Dormido.
Un muro inmenso que sepulta mi conciencia y la calla, la obliga a que no piense y, a la vez, a que lo recuerde todo.
Es un muro dentro de mi mente, de nuestra mente. El muro del rechazo, de no querer ver lo que tenemos delante, y lo tapamos. Un muro que nos impide asimilar una pérdida, una derrota… que no nos deja seguir adelante, porque nos estampamos una y otra vez con su fría y brutal piedra.
Es difícil olvidar la sonrisa de un ángel.
Muy difícil.
Debemos derribar el muro del rechazo, que sane el olvido, que transcurra el tiempo…
Debemos encontrar la fuerza para no rendirnos.
Para no caer.
Hay ocasiones en las que cualquier idioma se queda corto. Son situaciones tan intensas, tan tristes, que ninguna palabra tendrá nunca el poder de representarla. Sentimientos tan fuertes, tan duros… aún no se han creado palabras para expresar algo así.
Por tanto, es sencillamente imposible escribir lo que abarca nuestro corazón en unos momentos así, es sencillamente imposible demostrar al mundo que lo que llevamos dentro nos quema, nos abrasa, nos hace caer una y otra vez aunque tengamos los pies en la tierra. Y es que hay mil forma de caer.
Pero ninguna de describir cómo nos sentimos al hacerlo.
Todos hemos soñado alguna vez con retroceder en el tiempo. Con dar marcha atrás, ver al sol ponerse en la dirección contraria una y otra vez, hasta llegar al momento justo en el que nos gustaría cambiar algo.
“¿Para qué queremos relojes?” –chillaba mi conciencia- “Para qué los queremos si solo nos sirven para ver cómo pasa el tiempo, sin que podamos detenerlo…”
Esas malditas agujas seguirán girando, pase ocurra y suceda lo que suceda. Son imparables.
Ese tic-tac tan semejante a los latidos de un corazón. El corazón del mundo seguirá palpitando, marcando el ritmo de nuestra vida, sin echar cuenta de los miles de corazones que deja atrás. Tantos latidos al ritmo de un compás que no les espera.
Ni nos esperará nunca, a ninguno de nosotros.
Lo que pocos saben es que dentro de todos los límites que nos imponen nuestras propias palabras, que nos impone el mundo, la tierra o el mismísimo cielo.. dentro de todo esto hemos creado algo que nos hace escapar.
Algo que nos hace volar aún con los pies en la tierra.
Algo que nos permite expresarnos sin necesidad de nombrar una sola palabra.
Que nos permite incluso viajar en el tiempo, retroceder a donde lo necesitamos.
Se llama música.
Y eso nadie, nunca, podrá arrebatárnoslo.
Es lo que nos permite seguir en pie aunque todo el mundo caiga una y otra vez. Es lo que nos devuelve la esperanza para seguir levantándonos, para seguir intentándolo. La que nos lleva a mil lugares distintos sin dar un solo paso.
Cae un ángel desde el cielo. Atraviesa el aire, rasga el vacío, araña la distancia a la piel de la tierra.
La música le acompaña.
No está sola.
Y así es como la han despedido mil almas en pena, mil corazones que no sabían dónde esconderse para que la realidad no les encontrara.
Una misión inútil, porque esta siempre nos encontrará a todos. Hagamos lo que hagamos.
Hay quien lo llama arte, pero es mucho más que eso.
Un escritor pinta su arte sobre palabras, un pintor lo pinta sobre el papel.
Un músico lo pinta sobre el silencio.
Hemos derribado un muro frío e inmenso a través de una melodía conjunta, una melodía que brotaba del verdadero dolor que siente una persona cuando se crea un vacío en su interior. Del dolor de una pérdida que no podrá recuperarse nunca, hagamos lo que hagamos.
Dolor… color. Una C lo cambia todo. Esa es su letra.
En un mundo que a veces yace en blanco y negro, hay ángeles sin alas que se atreven a pintarlo de mil colores.
Después de la tormenta siempre llega el arcoíris.
Después de tantas lágrimas, siempre estará ella.
¿Qué hace tanto color tras la oscuridad de un muro?
Derribemos ese muro. No dejemos que se quede ahí.
Más allá del arcoíris. Esa es la clave.
En aquel momento, detrás de nuestra princesa dormida, ya no sabíamos si éramos nosotros los que escuchábamos la música, o era ella la que nos escucha a nosotros.
Lo único que sé, es que ella sí que la escuchó.
Y que la seguirá escuchando, cada vez que toquemos.
Porque la tocaremos por y para ella.
Somos demasiado pequeños e insignificantes para imponer un final. Vemos un final cuando no sabemos darle explicación a lo que viene después.
Quizás nada acaba, todo vuelve a su origen, todo renace de nuevo.
Una sonrisa tan bonita no puede perderse.
Un ángel tan hermoso no puede dormir eternamente.
Que abandone un mundo no implica que se pierda para siempre. Una vez que se desprende de la tierra, siempre le quedará el cielo.
Quizás ahora ha encontrado las alas que había perdido cuando llegó aquí.
Tal vez ahora pueda tocar desde lo alto, sin límites.
Llueven notas, llueven plumas de unas alas que no dejan de saltar y batirse entre todas esas estrellas.
Llueven pétalos de una flor rosa que no deja de reír, y de volar, y de crecer…
Hay mil corazones atados a tierra que, dentro de sus cuerpos pequeños, no son capaces de llegar aún a lo alto.
Hay mil almas tocando una misma melodía, pensando en una misma princesa.
Y hay un flautín respondiéndoles desde el cielo.
Es imposible demostrarlo, imposible escribirlo, o pintarlo.
Pero sí podemos sentirlo.
Y por ello, también podemos tocarlo.
Esa es la magia de la música. Que va mucho más allá de lo real.
Y ese, es el mensaje que nos deja nuestro ángel rosa cada vez que coge su flautín y maravilla a las estrellas.
Siempre estará presente, de un modo u otro.
Esa fue la despedida muda de unos labios que no esperaban ningún príncipe.
Esas fueron las últimas palabras de mil corazones repletos de amor.
Hasta que la realidad nos separe, pequeño ángel.

Hasta que nuestra música vuelva a por ti.



sábado, 5 de octubre de 2013

En burbujas no entran palabras.

Me gustaría no haber encontrado palabras. Así no tendría que escribir algo tan difícil y tan doloroso.
Pero las he encontrado. Porque ni siquiera he tenido que buscarlas, ellas han venido solas. Ante tanto sufrimiento no solo ves las palabras, sino que oyes gritos, oyes protestas, oyes a tu misma conciencia lamentándose ante tanta indiferencia… hay momentos que se clavan y frenan tu día a día, lo queramos o no.
Creo que el mundo se está sumiendo en un individualismo tan bestial, que ya nadie se rige por su propia conciencia. Han aprendido a callarla y a vivir paliando lo que esta les chilla.
Hay millones de personas, cada vez más, viviendo su vida en burbujas, alejándose de todo lo que les rodea como si así no les afectase.
¿Qué lleva a seres que supuestamente sienten y padecen gracias a la empatía que tienen por el otro… qué es lo que les lleva a pasar de largo? ¿A no inmutarse, a no derramar ni una sola lágrima frente aquel que sufre?
A veces pienso que quizás, soy yo la que no está en buenas condiciones. La que va por detrás del resto. Yo veo noticias como la del pasado miércoles… y yo lloro. Lloro, no puedo evitarlo. Siento una impotencia, una rabia y una tristeza tan profundas que el único modo que encuentro de calmarme es dejar que broten las lágrimas. No harán nada ni por mí ni por ellos, pero al menos me recuerdan que aún me queda sensibilidad.
No como a la mayoría de los que quedan ahí fuera.
Y no porque no lloren. No por eso.
No les queda sensibilidad cuando pasan de largo, cuando lo ven y no van a ayudar, cuando se vuelven sordos a los gritos de auxilio para que su conciencia bien callada no sienta también ganas de gritar con ellos.
Pienso que, ahí arriba en sus burbujas y cada vez más alto, sienten un miedo atroz a caer. Y caerán en el momento en que se den cuenta de que ese “no es tan grave” que les susurra su falsa conciencia, es mentira. No se acercan a ayudar porque temen que les afecte, porque saben que lo hará. Y en el momento en que ese inocente que sufre les toque su fibra sensible... saben que sufrirán por el otro y temen hacerlo. Porque es más fácil vivir ignorándolo todo, vivir andando por nuestro camino sin pararnos a ayudar al que cae, e incluso a veces, pasando por encima de él si es necesario.
Gota a gota se llena un vaso. Lágrima a lágrima se funde la sal del océano.
Había oído muchos sucesos con una indiferencia por parte de los protagonistas más cercanos que incluso yo preferí no pararme a pensar en lo que había ocurrido, por temor  a darme cuenta de que si, de que es verdad, de que hay gente que ha dejado enfriar su corazón de tal manera que ya no es más que un trozo duro y frío de hielo, insensible incluso al calor de una lágrima.
Recuerdo la noticia de la mujer india en el autobús. Aquella que violaron un grupo de hombres de una forma tan bestial que días después murió por el desgarre interno que le habían provocado.
Repito: en un autobús. Un autobús donde iba más gente, todos ellos más que conscientes de lo que estaba pasando, y ninguno se levanto a impedirlo. ¡Ninguno!
No hay que irse tan lejos, no hay que recorrer kilómetros para darnos cuenta de la terrible indiferencia que va sepultando este mundo poco a poco.
Hace unos días a una mujer anciana, cuando paseaba por la calle, le mordió un perro en la pierna y le provocó una dolorosa herida. Sangraba y del susto tardó en reponerse. El dueño estaba sentado en el bar de enfrente y tras presenciar la escena, ni se levantó. Simplemente llamó a su perro y dejó a la anciana a su suerte. Nadie de los que estaba en el bar se acercó a ella. Nadie de la calle. Lo que ellos no sabían, es que esa mujer había sufrido ya dos infartos de corazón, y que un susto así la podía haber dejado en el sitio. Lo que nadie sabe, es que esa mujer es mi abuela.
Ni que hablar ya de lo ocurrido hace unos días, con el joven polaco de 23 años. Lo encontraron tirado en la calle, con una desnutrición tan terrible que no podía ni ponerse en pie. “Estaba raquítico, como los chiquillos que salen en las zonas de África con hambruna” fueron las palabras textuales de una de las personas que llamaron a la ambulancia para socorrerlo. Según ellos, era escalofriante verlo, él mismo “no se explicaba cómo había podido llegar hasta aquí, no podía andar…”.
Su nombre era Pietr, y tras ser atendido en el hospital, esa misma noche a las dos de la madrugada le dieron el alta bajo el epígrafe de “problemática social” y lo mandaron a un albergue de servicios sociales, donde horas después murió.
Pesaba treinta kilos, 30 kilos con 23 años, y sin embargo le dieron el alta cuando necesitaba una ayuda mucho más seria. ¿Cómo pudieron? ¿Cómo de insensible o de callada tiene que estar una voluntad para que se eche a una persona en ese estado, sabiendo que su vida peligra? No ya como trabajadores de allí, sino como personas, es que tu propia moral no te puede permitir hacer eso…
A mi me da vergüenza reconocer que esto ha pasado en mi propia ciudad. Tan cerca de mi zona. Lo último que he leído de esta noticia es que fuentes de investigación están buscando a familiares de este chico que se encuentren en el país, pero lo único que han conseguido averiguar es que al parecer había venido a España en busca de su hermano.
Y ya, como guinda final a este pastel envenenado del que a todos nos obligan a comer un poco… la tragedia acontecida en Lampedusa. 

Más que quinientas personas viajaban en esa embarcación, somalíes y eritreos. El naufragio superará con creces más de trescientos cincuenta muertos.
Al parecer llevaban dos días viajando, tan apretados que no podían ni moverse. Cuando llegaron a la proximidad de la isla decidieron prender una manta que tenían para llamar la atención, con la mala suerte de que el puente del barco estaba sucio por carburante, y en un momento el barco entero quedó apresado por las llamas. El pánico se adueñó de los inmigrantes y muchos se tiraron al agua sin saber siquiera nadar, mientras que el navío se hundía pesadamente sobre el mar. Durante toda la tragedia, tres barcos pesqueros pasaron, los vieron, y no les ayudaron. Y aunque hubiesen estado todos ciegos, hubiesen podido oír perfectamente los llantos y los gritos desgarradores pidiendo auxilio,
Por ahora, son 135 supervivientes, 150 cadáveres y alrededor de 200 personas desaparecidas. Añadiendo a todo ello que los buzos de la Guardia Costera han contabilizado en el interior de la nave hundida a cuarenta metros de profundidad casi un centenar de víctimas, la mayoría mujeres y niños, en su momento muchos de ellos atrapados.
Respecto a la frialdad de los barcos pesqueros, salió en debate que Italia tiene una normativa deshumanizada frente a este tipo de situaciones, ya que el país ha procesado a pescadores que han salvado vidas humanas con la acusación de haber favorecido a la inmigración clandestina.
Así como dato, además, la conclusión a la que ha llegado la Liga Norte es que la responsable moral de la tragedia es Cecile Kyenge, la mujer de origen africano sobre la que escribí una entrada hace más tiempo. Su respuesta tajante fue: “Imputarme la responsabilidad moral es una ofensa a las víctimas”.
No comprendo a dónde quieren llegar con esto, ni siquiera… no se. Es que no se no lo se. Dije que tenía palabras, ¿Pero sabéis qué? Era mentira.
Lo único que tengo es una impotencia tan grande que me caigo por su propio peso. Una rabia que escuece tantísimo, y una tristeza tan profunda… que la única manera de sacármelas de encima antes de que ellas me saquen a mí de mis casillas, es escribir, escribir como si así todo fuera a solucionarse, como si mis palabras pudieran derretir todos esos corazones fríos rodeados de una burbuja tan pomposa y tan dura.
No podemos ir por la vida con una indiferencia tan atroz. No podemos dejar de inmutarnos ante estas situaciones. Y sí, sé que hay gente que ayuda, sé que hay gente que puso su alma en ayudar a todos aquellos inmigrantes… pero también sé que hay gente que no lo hizo, y que si volviera a suceder, seguiría sin hacerlo. Ellos son los que se merecen estas palabras de crítica y sin embargo, ellos son los que no las leerán.
El mundo a veces es tan inmundo, que nos creemos en ninguna parte.
Quiénes somos nosotros para poner fronteras, para decidir quién vivirá con dignidad y quién no, quién comerá todos los días tirando lo que no le gusta, y quién morirá de hambre, sin encontrar nada que llevarse a la boca.
Creo que el mundo entero, la misma tierra, se estremece ante tanto dolor chocando con tanta indiferencia. Y todos aquellos que viven en sus burbujas no se dan cuenta, no notan los temblores, no sienten nada que no sea el propio frío de su corazón…
Yo no sé ya, si de verdad así se libran del dolor.
Se sufre muriendo intentando salvar tu vida, y la de los tuyos.
Pero también se sufre viviendo muerto, queriendo salvarse solo a uno mismo.

Porque en el fondo saben que nadie, se molestará en salvarlos a ellos.


sábado, 28 de septiembre de 2013

Sin rumbo, pero imparables.

Esto va a todo el mundo. Al mundo entero.
Y sin embargo, apenas lo leerán tres o cuatro.
Va por todos aquellos que una vez se cayeron, y decidieron no levantarse.
Por todos aquellos que lloraron cuando tocaba reír, y los que rieron cuando tocaba llorar, o al menos callarse.
A los que se quedaron callados cuando tenían la verdad encerrada en la boca, y a los que no sabían expresarse en el silencio, y soltaban cualquier tontería a la primera de cambio.
Va por todos aquellos que nunca se emocionaron con un texto hasta el punto de llorar, y a aquellos que lloran con todo lo que leen, porque lo viven.
A los que aman la música y a los que no la conocen, cegados por una sociedad que propone el mismo modelo vacío y carente de sentimiento para todo el mundo. Si la música no te transmite un sentimiento, si no te hace evadirte del lugar en el que estás… entonces eso no es música. Todo lo de ahora que tan solo es ritmo que dispara la adrenalina y os hace bailar como peonzas, unas con otras… no es música. Son todos ratas que siguen a un flautista al que pagan para llevarlos lejos, donde interesa al que tiene el dinero y lo contrata.
Esto va a todos lo que dijeron “nunca” y acabaron haciéndolo, y a los que dijeron “para siempre” y ahora no recuerdan haberlo prometido, porque lo terminaron antes de tiempo. A todos los “te quiero” falsos que solo buscaban interés y acabaron haciendo llorar a personas que ingenuamente habían abierto las puertas de su corazón. Y por el contrario, a todos aquellos “te quiero” verdaderos que o bien nunca ha habido valor para decirlos, o no se ha dado el momento adecuado… pero que se han pensado día sí y día también. Y a los te quiero que sí se dijeron con el corazón palpitando como loco, y que ahora son un “te amo”.
Por todos aquellos sueños que dejaron abandonados en algún lugar de la infancia, y por toda esa infancia perdida entre sueños que nunca se cumplieron. Por toda la inocencia que dejamos atrás, y por todos esos inocentes que aún no caminan tan delante como nosotros, aunque la sociedad les empuje a ir cada vez más rápido.
Por todas esas verdades silenciadas, por todas esas mentiras gritadas a los cuatro vientos. Por los cuchicheos de oído en oído, por las sonrisas cómplices, por las sonrisas tristes, rotas, inseguras… por cada lágrima que ha terminado en la tierra de nuestro planeta, y ha acabado alimentando a alguna flor. Por todas esas puestas de sol que nunca fueron fotografiadas por nadie, y por todas aquellas que regalaron un rayo verde a alguna cámara afortunada, o a unos ojos pendientes, guardando un deseo que deseaba escapar y cumplirse.
Esto va a todos los que leerán este texto, y a todos los que no. Qué mas dan unas palabras, qué importa ya si leen o no leen. Lo único que importa es a dónde vamos, ni siquiera de dónde venimos. Lo único que importa es que cada vez nos perdemos más, tirando por caminos que no llevan a ninguna parte, dejando atrás los que pueden salvarnos.
Se acaban las segundas oportunidades. Se acaban para todas esas risas, esos “te quiero” o “te amo”, esos “nunca” y esos “para siempre”… para cada lágrima, cada canción, cada libro…
El mundo arde en un sinfín de pasiones falsas. Las verdaderas, se asfixian entre tanto humo.
Demos un respiro al mundo, a nosotros mismos, antes de que nos falte el aire y ya nadie pueda suspirar ningún “te quiero”, ni ningún “para siempre”…
Hagamos bailar nosotros al flautista que nos arrastra a su antojo.
Hagamos cambiar a la sociedad, y no que ella nos cambie a nosotros.
Esto va para todos. Para el mundo entero.
No dejemos que escriban un final por nosotros.

Un final que no queremos.


domingo, 1 de septiembre de 2013

Y caemos poco a poco.

Llevo ya bastantes años oyendo esto de “La crisis”. Se podría decir que he crecido con ella. He crecido oyendo recortes, oyendo cifras de parados, oyendo protestas, quejas y lamentos de los que más la sufren.
Sin embargo, en todo este tiempo, no he oído a uno solo de los que están arriba renunciar a sus buenas cantidades de dinero. En cambio, si que he oído a otros que estamos más abajo echarlas en falta. Y no por que no puedan comprarse el móvil que les guste, o porque les duela más renunciar a un par de prendas de ropa.
Las he oído cuando no podían permitirse el lujo de comprar comida, y debían acudir a un comedor social. Las he oído cuando niños que empezaban el cole no podían ni comprarse materiales nuevos, y se les caía la cara de vergüenza delante de sus compañeros, y del profesor. Las he oído cuando no podían pagar hipotecas, y a raíz de ahí les echaban sin piedad de sus casas. Cuando jóvenes brillantes tenían que emigrar a buscar suerte en otros países, y los que no podían ni permitirse el viajar se quedaban aquí, o bien esclavizados en un bar cutre o carcomiéndose porque no saben dónde se ven el día de mañana. Muchos de ellos haciendo doctorado, o con carrera terminada y más que nota suficiente como para darse a valer en un trabajo.
Todo esto lo iba oyendo, y oyendo, pero supongo que intentaba y evitaba no preocuparme, confiando en que con el tiempo se solucionaría, que tanta importancia no tenía, que todo el mundo lo estaba exagerando.
Era mi manera de evadirme y no ver la preocupación en la mirada de todos los mayores que me rodeaban. Lo triste es que cuando veía ese destello de ansiedad, solía ser mirándome a mi, o a los de mi edad. “¿Y qué haréis vosotros?” –pensarán- “¿O cómo?”
Ahora que el tiempo pasa y sigo oyendo lo mismo, esa ansiedad va anidando poco a poco en mi cabeza. Muchos me dicen “No te preocupes, para cuando tú tengas que trabajar ya estará todo mejor”. Con mejor quizás se refieren a los pobres más pobres, los ricos más ricos, y la clase media en extinción. Porque no veo que estén llevando esta situación hacia otra parte. 

Yo también doy por hecho que cuando termine de estudiar ya… un momento. ¿Estudiar? ¿Universidad? Si, yo también lo daba por hecho. Hasta que una se da cuenta de que eso no está ahí para todo el mundo, y que tal como vamos… sería una suerte si consigo no ya entrar en la carrera que quiero, sino pagarla.
Damos por sentado cosas que con el tiempo cambian, y mientras los de ahora no podrán trabajar, muchos de ahora no podremos estudiar. ¿Becas? ¿Para qué? Un país irá mucho mejor cuando estudien solo los que tengan dinero, no inteligencia de sobra para sacarse una carrera con matrícula. Así los profesionales del día de mañana serán aquellos que hayan podido pagarse sus estudios. Todo irá mejor entonces ¿verdad? Los que no tengan dinero, que se busquen la vida, pero ¿estudiar? Eso es de ricos, chaval, no sueñes con cosas que no están a tu altura.
Hay muchas formas de afrontar y asimilar una situación así. Esa duda de “¿Podré, podré estudiar?” Yo por lo menos tengo la macabra “suerte” se continuar con esa duda, pero también sé de otras amigas mías que saben bien la respuesta a esa pregunta, y prefieren ni pensarla para no agobiarse aún más.
Cuando comprendí, en mi burbuja ajena a todos, que la crisis también me afectaba a mí, caí de esa burbuja y me quedé sentada en el suelo, abatida. Parecía todo tan lejano, tan lejos de mi... y sin embargo estaba ahí, en cada paso que daba.
Primero me sentí triste, engañada, no podía creer de verdad que no fuera a ser tan fácil como lo había pensado en un principio “Estudio una carrera y trabajo”. Anda pues no, estudias si tus padres se matan a trabajar para poder pagártelo, y trabajarás si bien emigras a otro país o te pones aquí a mendigar por un puesto.
Luego me cabreé, me enfadé con el mundo y con todos los que están ahí arriba y que sin ningún derecho deciden en cada acción lo que será de mí el día de mañana. Mis padres se tienen que matar a trabajar todos los días cada vez por menos dinero, y más horas, para que yo pueda estudiar y salir de este país e intente hacer algo con mi vida, mientras ellos se ríen en sus casas bien decoradas, cuentan sus millones y coleccionan paraísos fiscales.
Llegué a soñar que me escapaba y me plantaba en mitad de un congreso, por la cara. Es obvio que era un sueño, porque entré por una ventana, y no creo yo que la seguridad de un sitio así esté tan a la ligera. Me plantaba allí, pedía educadamente un micrófono y leía todo un texto ya preparado, mientras la mayoría asentían y cuando terminaba aplaudían. A partir de ahí de no me acuerdo de mucho, solo sé que se repente apareció Obama y no recuerdo por qué. Después se transformó en pesadilla, porque me desperté bastante agobiada. 

“Como yo no pueda estudiar por culpa de los gilipollas que están ahí tocando las pelotas a todos los trabajadores honrados que quedamos, yo la armo eh?” –le dije a mi madre- “Es que no pienso quedarme quieta. No será la primera vez que una persona mueve a un millón”.
Que ilusa ¿verdad? Como si yo pudiera de verdad hacer algo.
¿Pero y qué? Yo sé que no es fácil, y que seguramente fracase. Pero prefiero fracasar por intentarlo mil veces, que fracasar por quedarme de brazos cruzados. Si, suena a tontería de niña pequeña, pero en verdad, esta es la inocencia que mueve al mundo. Al fin y al cabo, estoy convencida de que las más grandes personas son todos esos ilusos que vivían soñando, y que un día decidieron despertar.
No cunda el pánico. Por ahora no se avecina ninguna revolución mía así de solipandi en huelga. Lo que más triste me parece, es que soy ilusa por creer que puedo levantar algo grande, pero más aún lo fui pensando que podría estudiar sin problemas. Y esa, si que es una realidad que tarde o temprano presentará su oportunidad, y no sé si podré ni estaré en condiciones de aprovecharla. Ni siquiera sé si se me presentará a mí.
¿A dónde va el mundo? No lo sé. Tenía entendido que iba dando vueltas, y parece que nos caemos en cada vuelta que da. No sé a dónde va, lo único que sé es que yo no voy con él. Y que si alguien dice “imposible” para mí significa “inténtalo”. ¿No sabéis ya que para un adolescente lo “prohibido” viene a ser “hazlo sin que se den cuenta?” Pues para una adoles-ino-cente como yo, lo que me quitan injustamente, viene a ser como un… “no dejes que se lo quiten a nadie más.”
Y eso haré.
Qué inocente, ¿Verdad?

Menos mal.

miércoles, 28 de agosto de 2013

Retomando esto :)

Si no he escrito en todo este tiempo, es porque el verano implica también despejarse viajando, cambiando de sitio, de lugar, de rutina… y por fortuna o por desgracia no siempre nos acompaña el Internet. O si, pero no como para escribir diariamente en un blog desde un ordenador.
Hay tantos temas de los que me gustaría escribir que al final me colapso, no sé cómo abarcarlos, y finalmente no consigo arrancarme y escribirlos. Creo que lo mejor será que vaya entrelazando los que pueda, teniendo en cuenta que no quiero que sean muy largos. Aunque pocas veces consigo ese objetivo…
Este texto más bien es para informar que ya estoy de vuelta, y que por tanto retomaré el blog y escribiré más a menudo. Por lo menos hasta que empiece el curso, donde quizás no pueda escribir lo que se dice todos los días.
Por hacer un pequeño adelanto, me gustaría escribir de la crisis, de cómo afecta a mi entorno, de la mujer india a la que violaron hace una semana, de mi voluntariado con los niños de Nigeria, que comienza ahora de nuevo en septiembre, de lo que opino de la Iglesia, y de las religiones… no se, aún estoy maquinando.
Mañana ya subiré el próximo texto.

Hasta entonces, un saludo :)