jueves, 25 de julio de 2013

Tragedia descarrilamiento en Santiago

Supongo que no hay palabras.
Hay lágrimas, muchas lágrimas. Abrazos, rostros consumidos en pena, bocas resecas, hombros caídos, ojos cerrados para no ver cómo la realidad nos golpea…
Pero no hay palabras. No las hay.
Creo que intentar buscar un “por qué” es condenarnos a una locura perpetua, a un sinfín de preguntas para las que nadie tiene respuesta.
Y sin embargo… ¿Por qué?
La empatía puede ser el mayor don, o la mayor maldición. Sentirte en la piel del otro en una situación así te lleva a ayudar en todo lo que puedas, pero también te sume en una tristeza continua por no poder hacer más de lo que ya haces.
Impotencia. Una impotencia y una rabia que consumen cualquier rastro de cordura dentro de tu cabeza. ¿Para qué queremos relojes si solo nos sirven para ver cómo pasa el tiempo? ¿Para qué si no nos permiten retroceder y evitar tantas tragedias?
Esas malditas agujas seguirán sonando, avanzando, sin tener en cuenta que dejan atrás casi ochenta corazones menos. Pequeños relojes que marcaban el tiempo a latidos, uno tras otro. Y ahora que se han apagado… el mundo continúa girando. 
Como si nunca hubiesen estado ahí.
Mentira.
En ese tren viajaban doscientas diecinueve historias, y aunque ochenta hayan perdido los latidos que las escribían día a día, el resto no dejaremos que esas historias con un trágico final se olviden sin más.
A veces parece que estamos solos, pero en el momento de la verdad, cuando se nos necesita, cuando ocurre una tragedia grande que no pueden controlar y arreglar solo unos pocos… todo el mundo aporta, todo el mundo se moviliza por el otro.

Y entonces, ya no estamos solos. 
No quiero regodearme en la tragedia, en la tristeza, en lo que todos sentimos cuando imaginamos como se sienten todos los afectados, tanto directos como indirectos… esa pena, ese dolor por el otro, tiene que ser el impulso que nos lleve a actuar. Esa es la energía para poner en marcha el motor que nos mueve a todos a dar cuando se nos necesita de verdad.
Fue desde el principio. Antes de que llegaran las ambulancias, los vecinos ya estaban ayudando a los heridos, y aportando mantas y todo lo que les pedían.
Y desde el primer momento, bomberos y policías colaborando para rescatar a personas atrapadas, ayudar a las que permanecían en las vías tras el impacto. Supongo que estos tres testimonios de policías no serán nuevos para la mayoría, pero aún así, no dejan de ser impactantes, y conmovedores.
“No puedo contener mis lágrimas, cuando estoy sacando cadáveres y les están sonando sus teléfonos móviles” dijo uno.
Otro policía gallego dijo: “Me ha impactado muchísimo una imagen. Un padre, una madre y un hijo abrazados, muertos”
Y un niño de 17 años le dijo a un policía mientras moría: “Dígale a mi hermano que le apoyaré desde donde esté, para que se futbolista…”
¿Sabéis? Hay mil maneras de definir a un héroe. Pero los verdaderos, no llevan capa. Llevan casco y uniforme. Un héroe salva vidas. Y todos ellos, todos los que están allí, como los que aparecen en esta imagen, son auténticos héroes. Pero no son los únicos. Porque todos han aportado en la medida de sus posibilidades, y eso, en el momento de la verdad, es lo que cuenta. 

Todos esos médicos y médicas, enfermeros y enfermeras, muchos en paro, que han acudido a ayudar voluntariamente. Esas inmensas colas de alrededor de miles de donantes desde ayer por la noche, cuando se hizo el llamamiento en los hospitales. Esos enfermos o heridos leves que ya estaban ingresados, pidiendo el alta para dejar camas libres a los que iban llegando en un estado más grave; esas personas anónimas que han transportado en sus coches a los heridos hasta el hospital, bomberos que suspendieron una huelga para ayudar en la tragedia, psicólogos voluntarios, personas de todo el país movilizándose para ir y dar apoyo, ayudar o donar sangre…
Ya lo decía el periódico británico, y sin embargo no hace falta: nosotros ya lo sabemos:
“España, gran ejemplo de solidaridad en los peores momentos. Están en crisis económica, pero no emocional”.
Y es que juntos se puede. Juntos no hay nada imposible, si nos movemos por un mismo motivo.

Es verdad que no podemos retroceder en el tiempo, ni borrar una tragedia así tan rápido como sucedió. Pero sí podemos afrontarla y dar de nosotros para aliviar en todo lo posible a los que la están padeciendo más de cerca. Es lo que todos pensamos, hasta que en momentos como este se hace realidad: cada cual aportando su granito, logrará formar junto a los demás una inmensa montaña. 
Y todos los que estaban y están aún allí, aportando, hacen que esa montaña no caiga. Hacen que todo este dolor sea más llevadero, salvando vidas, ayudando en rapidez para identificar a aquellos que ya han fallecido. No estáis solos. Todo el país está con vosotros, y todos lo que lo componemos nos ponemos en vuestra piel, y os mandamos nuestro más sincero apoyo. Solo hay que mirar las redes sociales, escuchar las noticias, o tan siquiera asomarse a la calle y escuchar de qué habla la gente, para darse cuenta de que es verdad.
No regodearos en ese “por qué”, y callarlo con un “cómo”. Cómo ayudar a los que siguen ahí, cómo seguir a partir de ahora, cómo luchar para que un accidente así no se vuelva a repetir, cómo afrontarlo sin hundirnos, cómo no quedarnos atrás… 
Que ese “cómo” acapare cada pequeño tictac en las agujas de vuestro corazón, para que así la cordura que anida en vuestra mente no tenga tiempo de buscar un “por qué”.
Con sucesos así es cuando uno se da cuenta de lo frágil que es una vida, y sin embargo, lo importante y fundamental que se vuelve para tantas personas, y el vacío tan inmenso que puede llegar a dejar si se pierde.
No olvidéis que no estáis solos, por favor. Y sed fuertes, la fuerza es lo que mueve a las personas a seguir avanzando, aunque la vida decida a veces derrumbarnos a golpes.



Desde aquí, mis más sinceras condolencias a los familiares de las víctimas y a los propios afectados en el accidente. Escribir esto es lo mínimo que podía hacer, ya que no tengo medio ni edad para llegar y plantarme en el hospital, y así poder donar sangre, ni tampoco he llegado aún a estudiar psicología para poder acudir allí donde la gente necesita asimilar un suceso así.
No sé si alguno de los afectados leerá esto que escribo, al fin y al cabo, es un blog perdido de una chica cualquiera, demasiado insignificante comparado con lo que ha pasado en estos dos días.
Pero es todo lo que puedo hacer.
Un abrazo inmenso, y ánimo. No olvidéis nunca que mientras más trágica sea vuestra historia, más fuerte tiene que ser vuestra sonrisa.
Y esos corazones que ya no están aquí, lo hubiesen querido así. Estoy segura.
La vida no te enseña a ser fuerte, te obliga a serlo.
Así que ánimo, mucho ánimo.

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